Melanie lo primero que hacía era toquetear y volver loco a Carlitos, en francés, y bromearle y fastidiarlo, aunque en realidad lo que pretendía era enterarse de la razón por la cual, estas últimas noches, el pobre me llega con esa cara de pena infinita, con esa cara de…

– ¿Me puedes explicar, amorcito -le dijo una de esas noches, bastante en broma y bastante en serio, Melanie-, a qué se debe esa carita de desconsuelo que últimamente me has sacado al diario?

Casi lo mata al pobre Carlitos con la palabra desconsuelo, o, en todo caso, el hombre ya no pudo más con su triste secreto a cuestas y se lo soltó todo. Mejor dicho, se lo estaba empezando a soltar todo, cuando ella le dijo que nones, porque aquí vienes tú, Carlitos, para hablar en francés, o sea, que ahorita mismo me sueltas toda tu historia esa, porque yo también me muero de ganas de oírla, pero en francés. Y a Carlitos no le quedó más remedio que trasladarse nuevamente a aquella transversal de la avenida Brasil, tal vez en el distrito de Breña, tal vez en el de Pueblo Libre, en fin, por ahí, como había dicho Molina, y empezar a bailar con la pobre Desconsuelo, de la forma más torpe del mundo, primero, y a pisotones y forcejeos y papelón general, luego, para llegar en seguida al viacrucis de la serpentina y su patético mensaje, y así, a borbotones de pena, lanzarse a un recorrido tan triste y tan fracasado de antemano, y desembocar finalmente en todo aquello de «Hágase tu voluntad» y sus respuestas y variantes atroces, que, lejos de arreglar algo, sólo sirvieron para dejarme en el estado en que me ves, Melanie, y contando las horas y los minutos para que, por fin, regrese Natalia y se acabe tanto pesar.

Por supuesto que Carlitos, en su afán de contar muy bien su historia, en el más correcto francés posible para él, en aquel momento, ni cuenta se había dado de que Melanie lo estaba abrazando a mares. Pobrecita, lloraba como una Magdalena la entrañable Melanie con la historia tan bien contada por Carlitos y, claro está, también con el asunto aquel del pronto regreso de Natalia para solucionarlo todo.

– Ah, la veterana esa del diablo, mi Carlitos tan querido. Hoy le toca ganar a ella, lo asumo, pero espérate tú nomás a que pasen unos añitos y empiece a convertirse en una vieja bruja…

– Melanie, por favor.

– Tú haz lo que quieras, Carlitos, pero yo esperaré. Yo siempre te esperaré, vas a ver.

– ¿Y para qué? ¿Se puede saber?

– Para que no me llegues a cada rato en este estado tan deplorable y para que me lleves al altar con mi papi completamente sobrio, por una vez en la vida. Porque todos tenemos nuestro derecho a esperar y soñar, mi tan querido Carlitos Alegre.

– Al francés. Volvamos al francés, Melanie, por favor -le rogó Carlitos.

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