que quien niega ha de beber.

¿Qué tiene?

MENGO: Una cierta punta.

Vamos; que me arromadizo.

FRONDOSO: Que beba, que éste es mejor.

¿Quién mató al comendador?

MENGO: Fuenteovejuna lo hizo.

Vanse MENGO, BARRILDO, y el REGIDOR

FRONDOSO: Justo es que honores le den.

Pero decidme, mi amor,

¿quién mató al comendador?

LAURENCIA: Fuenteovejunica, mi bien.

FRONDOSO: ¿Quién le mató?

LAURENCIA: Dasme espanto.

Pues, Fuenteovejuna fue.

FRONDOSO: Y yo, ¿con qué te maté?

LAURENCIA: ¿Con qué? Con quererte tanto.

Vanse. Salen el REY y la reina ISABEL y luegoMANRIQUE

ISABEL: No entendí, señor, hallaros

aquí, y es buena mi suerte.

REY: En nueva gloria convierte

mi vista el bien de miraros.

Iba a Portugal de paso

y llegar aquí fue fuerza.

ISABEL: Vuestra majestad le tuerza,

siendo conveniente el caso.

REY: ¿Cómo dejáis a Castilla?

ISABEL: En paz queda, quieta y llana.

REY: Siendo vos la que la allana,

no lo tengo a maravilla.

Sale don MANRIQUE

MANRIQUE: Para ver vuestra presencia

el maestre de Calatrava,

que aquí de llegar acaba,

pide que le deis licencia.

ISABEL: Verle tenía deseado.

MANRIQUE: Mi fe, señora, os empeño,

que aunque es en edad pequeño,

es valeroso soldado.

Vase, y sale el MAESTRE

MAESTRE: Rodrigo Téllez Girón,

que de loaros no acaba,

maestre de Calatrava,

os pide humilde perdón.

Confieso que fui engañado,

y que excedí de lo justo

en cosas de vuestro gusto,

como mal aconsejado.

El consejo de Fernando

y el interés me engañó,

injusto fiel; y así, yo

perdón humilde os demando.

Y si recibir merezco

esta merced que suplico

desde aquí me certifico

en que a serviros me ofrezco,

y que en aquesta jornada

de Granada, adonde vais,

os prometo que veáis

el valor que hay en mi espada;

donde sacándola apenas,

dándoles fieras congojas,

plantaré mis cruces rojas

sobre sus altas almenas;

Y más, quinientos soldados

en serviros emplearé,

junto con la firme y fe

de en mi vida disgustaros.

REY: Alzad, maestre, del suelo;

que siempre que hayáis venido,

seréis muy bien recibido.

MAESTRE: Sois de afligidos consuelo.

ISABEL: Vos con valor peregrino

sabéis bien decir y hacer.

MAESTRE: Vos sois una bella Ester

y vos un Xerxes divino.

Sale MANRIQUE

MANRIQUE: Señor, el pesquisidor

que a Fuenteovejuna ha ido

con el despacho ha venido

a verse ante tu valor.

REY: Sed juez de estos agresores.

MAESTRE: Si a vos, señor, no mirara,

sin duda les enseñara

a matar comendadores.

REY: Eso ya no os toca a vos.

ISABEL: Yo confieso que he de ver

el cargo en vuestro poder,

si me lo concede Dios.

Sale el JUEZ

JUEZ: A Fuenteovejuna fui

de la suerte que has mandado

y con especial cuidado

y diligencia asistí.

Haciendo averiguación

del cometido delito,

una hoja no se ha escrito

que sea en comprobación;

porque conformes a una,

con un valeroso pecho,

en pidiendo quién lo ha hecho,

responden: "Fuenteovejuna."

Trescientos he atormentado

con no pequeño rigor,

y te prometo, señor,

que más que esto no he sacado.

Hasta niños de diez años

al potro arrimé, y no ha sido

posible haberlo inquirido

ni por halagos ni engaños.

Y pues tan mal se acomoda

el poderlo averiguar,

o los has de perdonar,

o matar la villa toda.

Todos vienen ante ti

para más certificarte;

de ellos podrás informate.

REY: Que entren pues viene, les di.

Salen los dos alcaldes, FRONDOSO, las mujeres y losvillanos que quisieren

LAURENCIA: ¿Aquestos los reyes son?

FRONDOSO: Y en Castilla poderosos.

LAURENCIA: Por mi fe, que son hermosos;

¡bendígalos San Antón!

ISABEL: ¿Los agresores son éstos?

ESTEBAN: Fuenteovejuna, señora,

que humildes llegan agora

para serviros dispuestos.

La sobrada tiranía

y el insufrible rigor

del muerto comendador,

que mil insultos hacía

fue el autor de tanto daño.

Las haciendas nos robaba

y las doncellas forzaba,

siendo de piedad extraño.

FRONDOSO: Tanto, que aquesta Zagala,

que el cielo me ha concedido,

en que tan dichoso he sido

que nadie en dicha me iguala,

cuando conmigo casó,

aquella noche primera,

mejor que si suya fuera,

a su casa la llevó;

y a no saberse guardar

ella, que en virtud florece,

ya manifiesto parece

lo que pudiera pasar.

MENGO: ¿No es ya tiempo que hable yo?

Si me dais licencia, entiendo

que os admiraréis, sabiendo

del modo que me trató.

Porque quise defender

una moza de su gente,

que con término insolente

fuerza la querían hacer,

aquel perverso Nerón

de manera me ha tratado

que el reverso me ha dejado

como rueda de salmón.

Tocaron mis atabales

tres hombres con tan porfía,

que aun pienso que todavía

me duran los cardenales.

Gasté en este mal prolijo,

por que el cuero se me curta,

polvos de arrayán y murta

más que vale mi cortijo.

ESTEBAN: Señor, tuyos ser queremos.

Rey nuestro eres natural,

y con título de tal

ya tus armas puesto habemos.

Esperamos tu clemencia

y que veas esperamos

que en este caso te damos

por abono la inocencia.

REY: Pues no puede averiguarse

el suceso por escrito,

aunque fue grave el delito,

por fuerza ha de perdonarse.

Y la villa es bien se quede

en mí, pues de mí se vale,

hasta ver si acaso sale

comendador que la herede.

FRONDOSO: Su majestad habla, en fin,

como quien tanto ha acertado.

Y aquí, discreto senado,

Fuenteovejuna da fin.

FIN DE LA COMEDIA
Перейти на страницу:

Поиск

Книга жанров

Похожие книги