Lo vio inmediatamente Ascanio, lo apretujó con violencia, con rabia. Tocó furioso la campanilla. Al secretario que entró le encargó que avisase a los miembros del Tribunal de los Diez para aquella misma tarde. Flaviarosa formaba parte de aquel Consejo Supremo, de aquella Corte inapelable, en representación de su padre, preso del reuma: asistía, como los otros, enmascarada.
2. – Tenemos que volver atrás, Ariadna: no desandar el camino, etapa tras etapa, sino más bien pegar un salto y escoger desde el aire el momento en que vamos a caer, que será precisamente el día en que llegaron a la Isla, a bordo de un precioso velero cuyo nombre ahora mismo se me ha ido (aunque no el de su capitán), Agnesse y Demónica de Risi. ¿Recuerdas que al detenernos un poco tiempo en la contemplación de esta muchacha, cuando ella a su vez contemplaba la Isla desde lejos, dijiste algo así como que para qué perdíamos el tiempo, si la persona de nuestro interés era la otra? Pues, ya ves: nos desentendimos de ella y ahora algo sucede en La Gorgona que pone el nombre de Demónica en muchas bocas, causa, evidentemente, de la reunión inesperada, precipitada, del más alto tribunal, como acabas de ver. Me parece indispensable averiguar de qué se trata, porque, aunque directamente no nos concierna, ni parezca afectar a nuestro tema, ¿quién sabe si de rechazo algo se modifica, o desaparece, o surge?, ¿algo que sí nos atañe? Fue un error dejar de lado a Demónica, y lo peor es que otros como éste los venimos cometiendo a diario. Yo comprendo que aun restringiendo el campo de nuestra atención a un escenario tan reducido como La Gorgona, es imposible tener presente todo cuanto sucede, es incluso difícil establecer una jerarquía de sucesos por su interés o su importancia. Porque algo ahora trivial según nuestra estimación, puede cobrar relieve a causa de otros algos que se engendran en él o que de alguna manera de él proceden. La exactitud, la minuciosidad, nos llevarían al registro y constancia (quiero decir al relato) de cuanto en cada momento va pasando: lo mínimo, lo microscópico, las naderías de los nadies. Los grandes acontecimientos no son más que menudencias sumadas. Conocemos la historia por el teatro, pero la historia carece de protagonistas y de unidades. La enumeración de todo cuanto acontece en los Tres Reinos de la Realidad y en sus abundantes territorios adyacentes sería el modo legítimo de escribir la historia. Un modo interminable, ¿verdad?, un método imposible. Pues todo lo que no sea eso, es construcción y artificio.