Fue bendecida la primera piedra, luego la piedra segunda y la urna de jaspe, las tres cosas serían enterradas en los cimientos, y luego llevaron todo en procesión, en andas, dentro de una urna los dineros de la época, oro, plata y cobre, unas medallas, oro, plata y cobre, y el pergamino donde constaba el voto, dio la procesión una vuelta entera para mostrarse al pueblo, arrodillado al paso, y teniendo constantemente motivos para arrodillarse, ora la cruz, ora el patriarca, ora el rey, ora los frailes, ora los canónigos, la gente ya ni se levantaba, bien podremos decir que había mucha gente de rodillas. Al fin, el rey, el patriarca y los acólitos se dirigieron al sitio donde se había de colocar la piedra y las piedras, bajando por una espaciosa escalera de madera con treinta peldaños, quizá en recuerdo de los treinta dineros, y de más de dos metros de anchura. Llevaba el patriarca la piedra principal, ayudado por los canónigos, y otros de éstos la piedra segunda y la urna de jaspe, detrás el rey y el general de la Sagrada Orden de San Bernardo, como limosnero mayor, y que, por serlo, llevaba el dinero.