Salió el músico a visitar el convento y vio a Blimunda, disimuló uno, el otro disimuló, que en Mafra no habría vecino que no se sorprendiera, y sorprendiéndose no hiciese luego juicios incómodos, si viese a la mujer de Sietesoles conversando de igual a igual con un músico que está en casa del vizconde, qué habrá venido este hombre a hacer aquí, habrá venido a ver las obras del convento, para qué, si no es ni albañil ni arquitecto, para organista todavía el órgano nos falta, la razón ha de ser otra, Vine a decirte, y a Baltasar, que el padre Bartolomeu de Gusmão ha muerto en Toledo, que es España, adonde había huido, dicen que loco, y como no se hablaba ni de ti ni de Baltasar decidí venir a Mafra para ver si estabais vivos. Blimunda unió las manos, no como si rezase, sino como quien estrangula sus dedos, Murió, Ésa es la noticia que ha llegado a Lisboa, Aquella noche, cuando la máquina cayó en la sierra, el padre Bartolomeu Lourenço huyó de nosotros y nunca más volvió, Y la máquina, Allí sigue, qué haremos con ella, Cuidadla, cuidadla, puede que vuelva a volar un día, Y cuándo murió el padre Bartolomeu Lourenço, Dicen que el diecinueve de diciembre, como si fuera una señal, hubo en Lisboa aquel día un gran temporal, si el padre Bartolomeu de Gusmão fuese santo, sería un signo de los cielos, Qué es ser santo, señor Escarlata, Qué es ser santo, Blimunda.
Al día siguiente, Domenico Scarlatti partió para Lisboa. En una revuelta del camino, fuera ya de la villa, lo esperaban Blimunda y Baltasar, éste había perdido un jornal por despedirlo. Se acercaron al coche como quien va a pedir limosna, Scarlatti mandó parar y les tendió las manos, Adiós, Adiós. A lo lejos se oía el estampido de las cargas de pólvora, parece una fiesta, el italiano va triste, no es extraño, si viene de la fiesta, pero tristes van los otros también, quién lo diría si vuelven a la fiesta.