En determinado momento el argentino pensó que alguien había echado alguna droga en su cerveza. Se despidió repentinamente y volvió a su hotel en taxi. Al día siguiente tomó un autobús que lo llevó hasta Phoenix y allí tomó un avión hasta Los Ángeles, en donde durante el día se dedicó a hacerles entrevistas a los actores que se dejaban, que eran pocos, y por las noches escribía un largo artículo sobre los asesinatos de mujeres en Santa Teresa. El artículo estaba centrado en la industria del cine porno y en la subindustria clandestina de las snuff movies.
El término snuff movie, según el argentino, había sido inventado en la Argentina, aunque no por un nacional sino por una pareja de norteamericanos que se desplazó hasta allá para filmar una película. Los norteamericanos se llamaban Mike y Clarissa Epstein y contrataron a dos actores porteños de cierto renombre aunque en horas bajas y a varios jóvenes, algunos de los cuales fueron luego muy conocidos. El equipo técnico también era argentino, salvo el cámara, un amigote de Epstein llamado JT Hardy que llegó a Buenos Aires un día antes de que comenzara la filmación. Esto había ocurrido en 1972, cuando en Argentina se hablaba de revolución, de revolución peronista, de revolución socialista e incluso de revolución mística. Por las calles deambulaban los psicoanalistas y los poetas y desde las ventanas eran observados por los brujos y por la gente oscura.
Cuando JT llegó a Buenos Aires en el aeropuerto lo esperaban Mike y Clarissa Epstein, que cada día que pasaba estaban más entusiasmados con Argentina. Mientras se dirigían en taxi hasta la casa que habían alquilado en la periferia de la ciudad Mike le confesó que aquello, y para expresarse mejor extendió los brazos y abarcó todo, era como el oeste, el oeste norteamericano, mejor que el oeste norteamericano, porque allá, en el oeste, bien mirado, los vaqueros sólo servían para arrear ganado, y aquí, en la pampa vislumbrada cada vez con mayor claridad, los vaqueros eran cazadores de zombis. ¿Va de zombis la película?, quiso saber JT. Hay alguno, dijo Clarissa. Esa noche, en honor del cámara, se realizó un asado típico del país en el jardín de los Epstein, junto a la piscina, adonde asistieron los actores y el equipo técnico. Dos días después se marcharon al Tigre.
Al cabo de una semana de rodaje volvió todo el equipo a Buenos Aires. Descansaron un par de días, los actores, jóvenes en su mayoría, fueron a ver a sus padres y amigos, y JT leyó, junto a la piscina de los Epstein, el guión. No se enteró de gran cosa y, lo que es peor, no reconoció en lo escrito ninguna de las escenas que había filmado en el Tigre. Poco después, en una flota de dos camiones y una camioneta, marcharon a la pampa.
Parecían, dijo uno de los actores argentinos, una cuadrilla de gitanos internándose en lo desconocido. El viaje fue interminable.
La primera noche durmieron en una especie de motel para camioneros y Mike y Clarissa protagonizaron su primera riña.
Una actriz argentina de dieciocho años se puso a llorar y dijo que quería irse a su casa, con su mamá y sus hermanitos. Uno de los actores argentinos con pinta de galán se emborrachó y se quedó dormido en el baño y los demás actores tuvieron que arrastrarlo hasta su habitación. Al día siguiente Mike los despertó a todos muy temprano y volvieron, cabizbajos, a la carretera.
Las comidas, para ahorrar, las hacían junto a los ríos, como si estuvieran de picnic. Las chicas cocinaban bien e incluso los chicos parecían tener aptitudes en la preparación de asados. La dieta era a base de carne y vino. Casi todos llevaban cámaras fotográficas y durante los altos para comer aprovechaban para hacerse fotos mutuamente. Algunos hablaban en inglés con Clarissa y con JT, para practicar, decían. Mike, por el contrario, hablaba con todos en español, un español plagado de expresiones en lunfardo que hacía sonreír a los chicos. Al cuarto día de viaje, cuando JT creía que se hallaba en medio de una pesadilla, arribaron a una estancia, donde fueron recibidos por los dos únicos empleados, un matrimonio cincuentón que se ocupaba del mantenimiento de la casa y los establos. Mike habló un rato con ellos, les dijo que era amigo del patrón, y luego todo el mundo bajó de los camiones y tomaron posesión de la casa. Esa misma tarde se reanudó el trabajo. Filmaron una escena en el campo, un tipo que preparaba una hoguera, una tipa que estaba atada a una cerca de alambres, dos tipos que hablaban de negocios sentados en el suelo comiendo grandes trozos de carne. La carne estaba caliente, por lo que los tipos se la cambiaban de mano cada cierto tiempo para no quemarse. Por la noche celebraron una fiesta. Se habló de política, de la necesidad de que hubiera una reforma agraria, de los dueños de la tierra, del futuro de Latinoamérica, y los Epstein y JT permanecieron callados, en parte porque no les interesaba el tema y en parte porque tenían cosas más importantes en que pensar.