Para atajar todo intento de huida durante los segundos pasados en el retrete, y para aligerar, además, la circulación, la puerta no se cierra, de manera que el soldado pueda observar desde fuera el proceso y acuciar al reo: «¡Venga, venga! ¡Ya está bien, basta!». A veces, se trata de una orden previa: «¡Sólo aguas menores!», y en este caso, el centinela no permite nada más. Y naturalmente, uno no se lava las manos jamás: esos depósitos de pared no tienen bastante agua, ni tampoco se dispone de tiempo. Apenas el preso roza la válvula del agua, ruge el soldado desde la plataforma: «¡Venga ya, no toques, fuera!». (Si alguien guarda en el saco un poco de jabón o una toalla procura no sacarlos por pura vergüenza: ello sería
Cuando las mujeres hacen sus necesidades, las ordenanzas y el sentido común requieren también que la puerta del retrete permanezca abierta, pero no todos los centinelas se empeñan en ello, los hay permisivos: está bien, de acuerdo, cierre si quiere. (Cuando ya han pasado todas, una de las detenidas debe fregar el retrete y de nuevo habrá un soldado a su vera para que no intente evadirse.)
A pesar de este ritmo trepidante, llevar al retrete a ciento veinte personas requiere más de dos horas, ¡más de la cuarta parte de lo que dura un relevo de tres soldados! ¡Y pese a todo, los presos no se dan por satisfechos! Siempre hay algún vejestorio incontinente que a la media hora ya está lloriqueando y pidiendo que le vuelvan a dejar salir; naturalmente, no se lo permiten y acaba haciéndoselo en el mismo compartimiento, lo que de nuevo trae de cabeza al cabo: ahora habrá que obligarle a recogerlo todo con las manos y a sacarlo fuera.
Conclusión: ¡cuanto menos retrete, mejor! O sea: ¡cuanta menos agua, mejor! Y también poca comida, así no se quejarán de diarrea ni apestarán el aire. ¡Hasta aquí podíamos llegar! ¡Si es que ni respirar se puede en el vagón!
¡Cuanta menos agua, mejor! ¡Pero los arenques, tantos como toquen! No dar agua es una medida sensata, pero escatimar el arenque sería una grave falta disciplinaria.
¡Nadie, absolutamente nadie se había propuesto como meta martirizarnos! ¡El proceder de la guardia era del todo sensato! Y sin embargo, estábamos encerrados en una jaula como los primeros cristianos y nos echaban sal en nuestras lenguas laceradas.
La guardia tampoco se habia propuesto como meta (aunque a veces sí) mezclar en un mismo compartimiento a reos del artículo cincuenta y ocho con cofrades del hampa y simples delincuentes: sencillamente, los presos eran muchos, mientras que escaseaban los vagones y los compartimientos, y además, el tiempo apremiaba. ¿Cuándo si no iban a clasificarlos? Con uno de los cuatro compartimientos reservado a las mujeres, si había que clasificar los tres restantes, lo más conveniente era hacerlo por estaciones de destino y agilizar así la descarga.
¿Acaso crucificaron a Cristo entre dos ladrones porque Pi-lato quisiera humillarlo? Simplemente, era el día reservado a las crucifixiones, Gólgota no había más que uno, y tiempo, poco.
* * *
Siento temor de sólo pensar cuánto habría sufrido de encontrarme en la situación de un preso común... Durante el traslado por etapas, tanto los soldados como los oficiales se dirigían a mí y a mis compañeros con atenta cortesía... Como preso político, viajé hasta la penitenciaría con relativa comodidad: en las prisiones de tránsito disfruté de un local aparte,
...No he querido poner comillas en este párrafo para que' el lector penetrara mejor en su sentido. ¿Verdad que sin comillas el párrafo resulta chocante?