Llamaron ligeramente a la puerta con los nudillos. -Sí. -Está al teléfono el señor Ardizzone. ¿Qué le digo? -preguntó Giovanni. -Voy enseguida -contestó levantándose. El viejo Ardizzone, tras ser condenado por asociación con la mafia, se había retirado oficialmente de los negocios, que habían pasado a su hijo Mario. Pero era bien sabido que detrás de todas las iniciativas de Mario estaba siempre su padre. ¿Qué podían querer de él? - Commendatore, soy Mario Ardizzone. ¿Cómo está? -Bien. -Perdone que lo moleste, pero necesito hablar con usted. -Dígame. -¿Podría ir a verlo dentro de una hora? O sea, que no era una cosa que se pudiera tratar por teléfono. La verdad es que no había ninguna razón para aplazarlo. -Faltaría más. ¿Sabe mi dirección? -Lo sé todo, no se preocupe. Cualquier cosa que tuviera que decirle lo ayudaría a pasar por lo menos una hora.

Apenas había colgado cuando el teléfono volvió a sonar. Era Adele. -Perdona, pero esta mañana he olvidado decírtelo. Estaba muy atareada. Quería avisarte de que ahora mismo van a llevar a casa un televisor con su correspondiente mesita. -¿Has cambiado el viejo? -El viejo funciona muy bien; todavía no es hora de cambiarlo. Este nuevo lo he comprado para ti. Diles que te lo coloquen en el dormitorio o en el estudio, donde prefieras. -Pero ¡si no lo necesito! -Puede serte útil. -¡Si ya está el de abajo! -Mira, el otro día decidimos que las reuniones de la asociación se celebrarán siempre en casa. Por eso el salón estará ocupado a menudo por la noche. Con el televisor nuevo podrás ver tranquilamente tus programas. Adiós, cariño. Pero ¡qué detalle por su parte! De esa manera, su lugar en el sofá podría ocuparlo Daniele.

Llamaron a la puerta. - Dottore, aquí hay uno con un televisor que dice la señora que hay que poner… -Sí, aquí en el estudio, junto a la ventana. Pero que se dé prisa, que espero una visita. Fue al dormitorio, y cuando regresó al estudio tres cuartos de hora después, el instalador acababa de terminar. Era un aparato bastante grande, con todos los canales y satélites. Mientras el hombre le explicaba el funcionamiento del mando a distancia, Giovanni entró para anunciar la llegada de Mario Ardizzone.

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