– Usted sabrá sin duda que, a pesar de la persecución judicial que hemos sufrido, nuestras actividades se han ampliado considerablemente en estos últimos tiempos. Pues claro que lo sabía. En el banco era él quien se encargaba del expediente Ardizzone. Además de la empresa de importación y exportación, ahora los Ardizzone tenían una fábrica de delicados ingenios espaciales, unos pequeños astilleros de lanchas motoras y una sociedad propietaria de una clínica. Desde que el viejo Ardizzone hubo de ceder el paso a su hijo, las cosas habían cambiado. A Mario, que había estudiado en Inglaterra, le gustaba correr riesgos. Y hasta entonces nunca había fallado ningún golpe. Era un cuarentón agradable, pulcro y elegante. Mientras que a su padre le gustaba expresarse por medio de metáforas, alegorías, frases laberínticas y alusiones, Mario utilizaba un lenguaje sencillo y directo. -Se me ha presentado la posibilidad de adquirir el cien por cien de la vieja Prontocontanti. ¿La conoce usted? -¿La de Bertorelli? -Sí. Él ha muerto y lo ha sucedido un sobrino que está llevando la empresa a la ruina. La viuda parece dispuesta a venderlo todo. Era la sociedad financiera más antigua de la ciudad y tenía una amplia clientela. Concedía préstamos limitados a empleados sobre la cesión de una quinta parte de su salario. Cuando no se trataba de gente con sueldo fijo, pedía otras garantías, pero siempre sabiendo por dónde moverse y respetando los límites legales. Y no se apresuraba en desplumar al pobrecillo que no podía pagar. -Y también se me ha presentado otra oportunidad. -¿Cuál? -Adquirir la Pides, que hace unos años fue objeto de una… -Investigación. Los investigadores estaban convencidos de que detrás de la Pides estaba la mafia, que la utilizaba para practicar la usura. No habían obtenido ninguna prueba, pero ahora la Pides se hallaba bajo vigilancia y se decía que actuaba con riesgo. -Mi plan sería adquirir las dos sociedades y realizar una fusión. ¿A usted qué le parece? -Bueno, en general, trabajando con prudencia y habilidad, podría funcionar. -Había comprendido la intención de los Ardizzone: difuminar la mala fama de la Fides mezclándola con la buena de la Prontocon-tanti. -Hoy en día toda Italia vive a base de préstamos y letras y, por consiguiente, sería un buen negocio. Pero no le oculto que se nos plantea un importante problema. -¿Cuál? -Nos falta la persona adecuada para llevar a cabo la fusión y después dirigir la nueva sociedad financiera. Se necesita, tal como usted ha dicho, prudencia y habilidad, pero también mucha pero que mucha experiencia. -Si me da veinticuatro horas, podría facilitarle algunos nombres. Por primera vez, Mario Ardizzone sonrió. -Pero es que ya tengo el nombre. -Ah, ¿sí? ¿Y quién es? -Usted. No se lo esperaba; se quedó de una pieza. -¡¿Yo?! -Usted. Sería la persona adecuada para el puesto adecuado. Hace un mes se lo comenté a papá y se mostró entusiasmado. Y he caído sobre usted como un halcón el primer día que ya no trabaja en el banco. El se sintió un poco aturdido. -Deje que lo piense. Ardizzone hizo una mueca. -Ahí está lo malo. Verá, respecto a la Fides, por razones que sería largo explicar, estoy obligado a dar una respuesta, positiva o negativa, no más allá de las cinco de la tarde de mañana. Comprenderá que tengo cierta urgencia. -Pero ¿por qué quiere ligar su respuesta a mi decisión? -Porque, se lo digo con toda sinceridad, si usted no acepta, no creo que yo lleve a feliz término el negocio. Como ve, juego con las cartas sobre la mesa. Tiene toda la noche para pensarlo, y dicen que la noche es buena consejera. -De acuerdo. -Gracias. Entonces lo llamaré mañana hacia el mediodía. Piénselo bien, se lo ruego. Le estoy haciendo una propuesta muy seria. -Se levantó y le tendió la mano-. Y salude a Adele de mi parte. Eso tampoco se lo esperaba, francamente. -¿Usted… conoce a mi mujer? Segunda sonrisita. -Desde hace mucho tiempo. Formo parte de la sociedad que gestiona el equipo de fútbol, de la cual Adele es vicepresidenta. Precisamente ella ha sido el desencadenante. -¿En qué sentido? -Bueno, me contó que usted estaba a punto de jubilarse… y a mí se me ocurrió una idea. Al cabo de unos días hablé con Adele de mi intención, aunque sin entrar en detalles. Le expuse en términos generales que usted podría encontrar un puesto adecuado con nosotros. Me contestó que estaría encantada, y esta mañana me ha telefoneado para decirme que, a partir de hoy, usted ya no depende del banco. No he querido, ni podido, esperar más para plantearle el proyecto, ya que mañana tengo que dar esa respuesta.
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