– Hugi -dijo Þóra con la voz más risueña que pudo. Siguió hablándole en islandés, porque le parecía una tontería empezar la conversación en inglés. Ya habría tiempo de ver si era posible. No podían tirar a la basura aquella oportunidad por problemas de idioma; si el muchacho no entendía bien el inglés, tendría que llevar el asunto ella sola-. Supongo que sabes quiénes somos. Yo me llamo Þóra Guðmundsdóttir y soy abogada, y él es Matthew Reich, de Alemania. Estamos aquí por el asesinato de Harald Guntlieb, que investigamos independientemente de la policía. -Ninguna reacción. La mujer continuó-. Queríamos hablar contigo porque no estamos seguros de que tú tengas algo que ver con el crimen. -Respiró hondo para dar mayor énfasis a lo que iba a decir-. Estamos buscando al asesino de Harald, y creemos posible que tú no lo seas. Nuestro objetivo es descubrir quién le mató, y si esa persona no eres tú, entonces te conviene ayudarnos. -Hugi levantó los ojos y miró a Þóra, pero no abrió la boca, ni dio ninguna indicación de que fuera a hablar, de modo que ella continuó-. Seguro que comprendes que si conseguimos demostrar que quien mató a Harald fue otro, y no tú, quedarás libre de todos los cargos.

– Yo no le maté -dijo Hugi en voz baja-. Nadie me cree, pero yo no le maté.

Þóra prosiguió.

– Hugi, Matthew es alemán. Tiene experiencia como investigador pero no comprende el islandés. ¿Crees que podrías hablar con nosotros en inglés, para que pueda entenderte? Si no, no hay ningún problema. Queremos que entiendas las preguntas y que puedas responderlas sin dificultad por culpa del idioma.

– Claro que sé inglés -fue la respuesta, pronunciada de nuevo entre dientes.

– Estupendo -dijo Þóra-. Si no entiendes algo de lo que decimos, o si tienes problemas para contestar, volveremos a hablar en islandés, sin ningún problema.

La abogada se volvió hacia Matthew y le dijo que podían seguir en inglés. No se lo dejó repetir dos veces, se inclinó hacia delante y tomó la palabra.

– Hugi, ahora vas a empezar apoyándote en el respaldo y poniéndote de frente a nosotros. Quítate de la voz ese tono de lloriqueo y compórtate como un hombre, aunque no sea más que el rato que estemos aquí.

Þóra suspiró en su interior, ¿qué forma de hablar a lo macho era aquéllo? Estaba segura de que el muchacho se pondría de pie, se echaría a llorar y exigiría que le dejaran volver a su celda, pues si estaba allí era por propia voluntad. Pero no tuvo ocasión de intervenir, porque Matthew continuó sin pausa.

– Tienes problemas muy serios, no necesito ni repetírtelo. Solo tienes una esperanza de librarte de ellos, y por eso vas a poner el máximo empeño en ayudarnos y nos vas a responder con total sinceridad. En tu situación lo más fácil es sentir lástima por uno mismo, pero ahora ha llegado el momento de comportarte como un hombre y de responder con franqueza a todo lo que te preguntemos. Lo único que te va a ayudar es comportarte como un hombre. Demuéstralo.

Þóra observó con asombro que Hugi hacía como Matthew le había dicho. Se irguió hasta apoyarse en el respaldo y se esforzó al máximo por adoptar un porte viril. Su rostro de adolescente se lo ponía difícil, pero el cambio fue notable. Cuando empezó a hablar, su voz era más rotunda y clara.

– Me es difícil miraros a los ojos. Estoy tomando unas medicinas que me dejan un poco atontado. -Þóra lo vio en sus ojos; se movían involuntariamente de acá para allá y en ellos se apreciaba una apatía que sólo se conseguía con tranquilizantes-. Pero intentaré responderos.

– ¿Cómo conociste a Harald? -preguntó ella.

– Lo conocí en la zona de marcha del centro. Charlé un poco con él y resultó ser de lo más divertido. Se lo presenté a Dóri poco después.

– ¿Quién es Dóri? -preguntó Þóra.

– Halldór Kristinsson. Está en Medicina -respondió Hugi, con voz no exenta de orgullo-. Somos amigos desde pequeños. Y vecinos en Grafarvogur. Es asquerosamente listo, pero no va por ahí dándoselas de profe, está siempre de marcha.

Þóra lo anotó. Se trataba del joven que intentó ir a la fiesta a la que acudió Harald la noche que lo mataron… el que decidió quedarse en el Kaffibrennslan a esperar que llegasen los de la fiesta.

– ¿Erais muy amigos Harald y tú?

Hugi se encogió de hombros.

– Sí, sí. Aunque no tanto como Harald y Dóri. A veces, Harald me compraba… -Hugi se cortó a media frase y puso gesto de preocupación.

– A todo el mundo le da igual que vendieras droga, tal como están ahora las cosas. Continúa -dijo Matthew con aspereza.

La nuez de Hugi subió y bajó antes de que se decidiera a seguir hablando.

– Vale. A veces decía que yo era su mejor amigo; pero era en broma nada más, y sólo lo decía cuando quería comprarme algo. Pero era muy simpático; completamente distinto a todos los demás que conozco.

– ¿Y eso? -preguntó Þóra.

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