– Gunnar es de la vieja escuela. Harald no. Gunnar quiere que el alumno se mantenga siempre en el rumbo establecido. Harald se acercaba más a mis propias preferencias: aparcaba unas cosas y se ponía a observar las callejuelas laterales, si se puede expresar de este modo. Es así como hay que actuar en estos temas. Uno no sabe nunca adónde lleva un camino, aunque este modo de proceder exige mas tiempo que el otro. En cambio, uno se puede encontrar en el camino con muchas cosas inesperadas.
– Entonces, ¿Harald no estaba a punto de cambiar de tema de tesis, como piensa Gunnar? -preguntó Matthew.
– En absoluto -respondió Þorbjörn-. Gunnar anda siempre pisando huevos, convencido de que todo se va a ir al demonio de un momento a otro. Lo mismo es que le preocupaba que Harald se instalara aquí y se convirtiese en estudiante eterno. Pero lo que ha sucedido es algo completamente distinto.
– ¿Qué te parece si nos cuentas algo de la investigación de Harald? -solicitó Þóra-. Estamos intentando comprobar si su interés por la magia tiene quizá alguna relación de algún tipo con el crimen.
Ahora fue Þorbjörn quien elevó las cejas.
– ¿Habláis en serio? -Ambos contestaron que sí-. Bueno, pues vaya. Nunca me habría esperado algo así. La historia no es tan apasionante como para que la gente asesine por ella -dijo-. Sea como fuere, Harald iba a comparar las cazas de brujas en este país y en el continente europeo. Como sabréis, aquí fueron sobre todo hombres a los que se quemó por brujería, a diferencia de lo sucedido en otros lugares. Éste era, digamos, el punto de partida de su investigación. Como Harald estaba muy familiarizado con la brujería en el continente, se dedicó a estudiar fuentes islandesas y a aprender la historia de este país durante ese periodo. En mi opinión, había logrado adquirir una visión muy completa de la misma cuando lo asesinaron.
– ¿Y qué es de esas callejuelas laterales? -preguntó Matthew.
Þorbjörn reflexionó uii momento.
– Al principio estaba interesadísimo en el obispo Jón Arason y en la imprenta que hizo traer al país. En un primer momento yo no comprendía qué relación creía él que pudieran tener esas cosas con la caza de brujas, pero le dejé que siguiera ese camino, a ver qué salía. Luego dejó ese asunto y se interesó por el obispo Brynjólfur Sveinsson de Skálholt. Eso me gustó más.
– ¿Tenía alguna relación con la caza de brujas? -preguntó Þóra.
– Naturalmente -respondió el profesor-. Era obispo en esa época, pero se le consideraba bastante blando. Se sabe que impidió que llevasen a la pira a unos escolares de Skálholt, aunque les habían encontrado un prontuario de conjuros. Pero mirándolo con detenimiento, la verdad no parece tan clara. Por ejemplo, no hizo nada por disuadir a su pariente el reverendo Páll de Selárdal, que fue de los primeros en formular acusaciones de brujería. Siete personas fueron quemadas en la pira bajo la sospecha de haber causado enfermedades en la granja del reverendo Páll.
– Ese prontuario de conjuros que has mencionado, ¿estaba Harald muy interesado en él? -preguntó Matthew. Þorbjörn sacudió la cabeza lentamente.
– No, no recuerdo que lo estuviese. Es conocido como
– ¿Y eso por qué? -preguntó Matthew. Como excusa, añadió-: No sé nada de nada de la historia de Islandia.
Þorbjörn le lanzó una sonrisa que denotaba compasión.