– Mmm, no os puedo dar una lista exhaustiva ni nada por el estilo. Al principio yo le traducía principalmente capítulos de la tesis doctoral de Ólína Þorvarðardóttir sobre la época de la quema de brujas, luego se interesó por el seminario de Skálholt, por textos sobre magia de uno de los seminaristas de allí y por un libro de brujería que circulaba mucho. También tenía una carta antigua en danés, si recuerdo bien… yo no me aclaraba mucho para traducirla, pero hice lo que pude. Trataba de un enviado y de algo que no conseguí comprender. Cuando llegó a aquel punto cambió de dirección a toda prisa, dejó de ver cosas sobre la quema de brujas y se fue para atrás un siglo, más o menos. Recuerdo haberle traducido un texto del Íslandslýsing de Odd Einarsson, obispo de Skálholt, de hacia 1590. El texto era sobre el Heckla, y recuerdo una historia acerca de un hombre que enloqueció al escalarlo y mirar el cráter. También estaba muy interesado por la erupción del Hekla de 1510, y por el obispo Jón Arason y su ejecución en 1550, y por el obispo Brynjólfur Sveinsson… bueno, y además quería saberlo todo sobre los monjes irlandeses, de modo que puede decirse que cuando lo asesinaron estaba viajando hacia atrás en el tiempo… en realidad, hacia un tiempo anterior a la colonización de Islandia.

La lista de años dejaba claro que aquel muchacho tenía una memoria de elefante. No era tan raro, a fin de cuentas, que pudiese obtener buenos resultados en la universidad pese a su tumultuosa vida nocturna, pensó Þóra, que preguntó:

– ¿Los monjes irlandeses?

Dóri asintió:

– Sí, los monjes irlandeses. Ésos que hubo por aquí.

– Ah, ya -contestó Þóra, aunque no estaba segura de qué preguntar a continuación. Entonces recordó al tipo aquel, Gunnar, que les había facilitado la reunión con los amigos de Harald-. Esa carta danesa… ¿sabes de dónde la sacó o dónde está?

Dóri sacudió la cabeza.

– No tengo ni la menor idea de dónde la encontró… tenía más cartas antiguas que relacionaba con aquélla. Estaban en una funda… aunque esa carta danesa no. Supongo que andará por aquí.

– ¿Te suena el nombre de Mal? -preguntó Matthew por decir algo.

Dóri les miró y sacudió la cabeza.

– No, no lo he oído nunca. ¿Por qué?

– No, por nada -respondió Matthew.

Dóri iba a decir algo cuando sonó su teléfono móvil. Lo sacó, miró la pantalla, se incorporó un poco y volvió a metérselo en el bolsillo.

– ¿Tu mamá? -le preguntó Matthew mirando a Þóra, divertido.

– Justo -respondió el muchacho con voz de disgusto.

El aviso de SMS sonó en el bolsillo de su pantalón. Dóri no hizo ademán de coger el teléfono, de modo que Þóra le lanzó una nueva pregunta.

– ¿Te suena un libro de visitas del que Harald pudiese haber hablado? Libro de visitas de la cruz.

Dóri la miró sin llegar a comprender.

– ¿Libro de visitas de la cruz? ¿De la comunidad religiosa?

– ¿Nunca oíste mencionar algo por el estilo?

– No.

Matthew apretó los tornillos.

– Dinos algo del cuervo que andaba buscando Harald como loco.

La nuez de Dóri se le quedó atascada en el cuello.

– ¿Un cuervo? -Su voz era casi un gemido.

– Sí, un pájaro. Un cuervo -intervino Þóra-. Sabemos que andaba como loco buscando un cuervo. ¿Sabes algo de eso?

Dóri se encogió de hombros.

– No. Pero puedo entender perfectamente que quisiera tener un cuervo. Un pájaro interesante.

Þóra estaba convencida de que les estaba mintiendo, pero comprendió que era mejor detenerse en aquel punto. Matthew le quitó la palabra antes de que llegara a ninguna conclusión.

– ¿Sabes algo de un viaje de Harald a Hólmavík a ver el Museo de Brujería de Strandir?

– No -respondió el chico; una nueva mentira, sin duda.

– ¿Y al Hotel Rangá? -preguntó Þóra.

– No. -Otra mentira.

Matthew miró a su compañera.

– Strandir… Rangá. ¿Quizá deberíamos hacer un viajecito?

El gesto de Dóri indicaba a las claras que sus planes de viaje no le hacían demasiado feliz.

<p id="_Toc166678659">Capítulo 23</p>
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