Dio una peque˜na sacudida a la aparentemente frágil bolsa, que resonó como si fuera un cargamento con varios objetos pesados rodando dentro. “Oh, maldición, eso deben ser los libros” dijo, mirándolo con atención. “Y los ten´ıa todos apilados por tema ... En fin ...

Harry, es mejor que cojas tú la capa de invisibilidad. Ron, date prisa y cámbiate...”

“¿Cuándo hiciste todo esto?” preguntó Harry mientras Ron se desvest´ıa.

“Te lo dije en la Madriguera, he llevado encima lo esencial preparado durante d´ıas, ya sabes, por si acaso tuviéramos que huir rápidamente. Hice tu mochila esta ma˜nana, Harry, después de que te cambiaras, y la puse aqu´ı... Ten´ıa un presentimiento...”

“Eres asombrosa, de verdad que si,” dijo Ron, pasándole su túnica enrollada.

“Gracias” dijo Hermione, con una peque˜na sonrisa, mientras empujaba las túnicas en la bolsa. “¡Por favor, Harry, ponte esa capa!”

Harry le lanzó la Capa de Invisibilidad alrededor de los hombros y la reafirmó sobre su cabeza, desapareciendo de la vista. Estaba empezando a darse cuenta de lo que hab´ıa ocurrido en ese momento.

“Los demás... toda la gente de la boda?”

“No podemos preocuparnos por eso ahora” cuchicheó Hermione. “Van tras de ti, Harry, y si volvemos lo único que conseguiremos será ponerlos a todos aún en más peligro.”

“Tiene razón” dijo Ron, que parec´ıa saber que Harry estaba a punto de discutir, incluso sin poderle ver la cara. “La mayor parte de la Orden estaba all´ı, cuidarán de todos.”

Harry asintió con la cabeza, luego recordó que no pod´ıan verlo y dijo

“S´ı.”

Pero pensó en Ginny, y el miedo burbujeó como ácido en su estómago.

“Vamos, creo que deber´ıamos mantenernos en movimiento” dijo Hermione.

Retrocedieron por la calle lateral y de nuevo por la carretera principal, donde un grupo de hombres cantaba y ondeaban los brazos en la acera de enfrente.

“¿Sólo por curiosidad, por qué Tottenham Court Road?” preguntó Ron a Hermione.

CAPÍTULO 9. UN LUGAR PARA OCULTARSE

94

“No tengo ni idea, fue lo primero que me vino a mi cabeza, pero estoy segura de que estaremos más seguros en el mundo muggle, donde no esperarán que estemos.”

“Es cierto” dijo Ron, mirando a su alrededor. “Pero ¿tú no te sientes un poco.. ex-puesta?”

“¿Dónde más podr´ıamos ir?” preguntó Hermione, encogiéndose cuando los hombres del otro lado de la calle empezaron a aullarle como lobos. “Dif´ıcilmente podemos reservar habitaciones en el Caldero Chorreante, ¿no? Y Grimmauld Place está descartado, ya que Snape puede ir all´ı... Supongo que podr´ıamos probar en casa de mis padres, pero creo que hay una posibilidad de que lo comprueben... Oh, ¡por qué no se callarán!”

“¿Y bien, querida?” el más borracho de los hombres del otro lado estaba gritando.

“¿Quieres un trago? ¡Abandona al pelirrojo y ven y tómate una pinta!”

“Vamos a sentarnos en algún sitio” dijo Hermione apresuradamente cuando Ron abrió la boca para responder gritando al otro lado de la calle. “Mirad, ¡esto servirá, entrad aqu´ı!”

Era un café nocturno peque˜no y gastado. Un ligera capa de grasa yac´ıa sobre todas las mesas acabadas en formica, pero por lo menos estaba vac´ıo. Harry entró a un reservado, y Ron se sentó junto a él, frente a Hermione, que quedó de espaldas a la entrada, lo que no pareció gustarle; echaba vistazos por encima del hombro tan frecuentemente parec´ıa tener un tic. A Harry no le gustaba que estuvieran quietos; caminar les hab´ıa dado la ilusión de que tener un objetivo. Debajo de la capa pod´ıa sentir los últimos vestigios de la Poción Multijugos abandonándole, sus manos regresaban a su forma y longitud acostumbrada.

Sacó las gafas del bolsillo y se las puso otra vez.

Después de uno o dos minutos, Ron dijo: “Sabéis, no estamos lejos del Caldero Chorreante, está en Charing Cross...”

“¡Ron, no podemos!” dijo Hermione inmediatamente.

“No digo quedarnos all´ı, pero s´ı averiguar qué está ocurriendo!”

“¡Sabemos qué esta ocurriendo! Voldemort ha tomado el Ministerio, ¿qué más necesitamos saber?”

“Vale, vale, ¡era sólo una idea!”

Cayeron en un silencio espinoso. La camarera, que masticaba chicle, les atendió, y Hermione pidió dos capuchinos: como Harry era invisible, podr´ıa haber parecido raro pedirle uno. Un par de obreros fornidos entró en el café y se metió en el reservado de al lado. Hermione redujo su voz a un susurro.

“Yo digo que encontremos un lugar tranquilo para Desaparecernos y dirigirnos hacia el campo. En cuanto estamos all´ı, podremos enviar un mensaje a la Orden.”

“¿Entonces puedes hacer un Patronus de esos que hablan?” preguntó Ron.

“He estado practicando, y creo que s´ı” dijo Hermione.

“Bueno, mientras eso no les cause problemas, aunque deben haber sido arrestados ya.

Dios, esto está asqueroso” a˜nadió Ron después de dar un sorbo al espumoso café grisáceo.

La camarera le hab´ıa o´ıdo; le echó a Ron una mirada rencorosa mientras se dirig´ıa a atender a los nuevos clientes. El más grande de los dos obreros, que era rubio e inmenso, ahora que Harry lo miraba, la apartó. Ella le miró fijamente, ofendida.

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