El Subaru tenía aire acondicionado pero no lo había utilizado a pesar del calor que hacía; casi nunca lo encendía. Creía que no era muy ecológico. Pero en ese momento decidió ponerlo en marcha, a toda potencia. Dejó al bebé en el asiento posterior, subió las ventanillas, cerró las puertas, y se dirigió de nuevo hacia la mujer que yacía en el polvo, pero un pensamiento horrible la hizo frenarse en seco: ¿y si el bebé lograba subirse al asiento, apretaba un botón y cerraba las puertas?

Dios, qué estúpida soy. La peor reverenda del mundo cuando estalla una crisis de verdad. Ayúdame a no ser tan estúpida.

Regresó corriendo junto al coche, abrió la puerta del conductor de nuevo, miró por encima del asiento, y vio que el bebé seguía tumbado donde lo había dejado, aunque ahora se estaba chupando el pulgar. La miró fugazmente y luego fijó la mirada en el techo, como si hubiera visto algo interesante. Tenía la camiseta empapada de sudor. Piper giró la llave electrónica hacia delante y hacia atrás hasta que logró quitarla del llavero. Entonces regresó junto a la mujer, que estaba intentando sentarse.

– No -le dijo Piper, que se arrodilló junto a ella y le puso un brazo sobre los hombros-. Creo que no deberías…

– El bebé -gimió la mujer.

¡Mierda! ¡He olvidado el agua! Dios, ¿por qué has permitido que me olvide del agua?

Ahora la mujer hacía esfuerzos por ponerse en pie. A Piper no le gustó la idea, contradecía todo lo que sabía sobre primeros auxilios, pero ¿qué otra opción tenía? La carretera estaba desierta y no podía dejarla con aquel sol abrasador, que no haría sino empeorar con el paso de las horas. De modo que en lugar de obligarla a sentarse, la ayudó a levantarse.

– Despacito -le dijo mientras la sujetaba por la cintura y la ayudaba a dar unos pasos tambaleantes-. Poco a poco, no hay prisa. En el coche estarás fresquita. Y hay de beber.

– ¡El bebé! -La mujer se balanceó, recobró el equilibrio e intentó caminar más rápido.

– Quieres beber -dijo Piper-. Vale. Entonces voy a llevarte al hospital.

– Centro… Salud.

Piper no le entendió y negó con la cabeza.

– Ni hablar, no vas a acabar en un ataúd, vas al hospital. Tu hijo y tú.

– El bebé -susurró la mujer, que se tambaleó. Tenía la cabeza gacha, la cara tapada por el pelo, mientras Piper abría la puerta del acompañante y la ayudaba a subir.

Piper cogió la botella de Poland Spring del salpicadero y quitó el tapón. La mujer se la arrancó antes de que Piper pudiera ofrecérsela, y bebió con tanta avidez que el agua le mojó el cuello, la barbilla y la camiseta.

– ¿Cómo te llamas? -preguntó la reverenda.

– Sammy Bushey. -Y entonces, mientras sentía un calambre en el estómago a causa del agua, apareció de nuevo la rosa negra frente a los ojos de Sammy. La botella cayó sobre la alfombrilla, el agua se derramó, y ella perdió el conocimiento.

Piper se dirigió hacia el hospital a toda velocidad gracias a que Motton Road estaba desierta, pero cuando llegó al Cathy Russell descubrió que el doctor Haskell había muerto el día antes y que el auxiliar médico, Everett, no estaba allí.

El célebre y experto médico Dougie Twitchel se encargó de examinar y hacer el ingreso de Sammy.

<p>8</p>

Mientras Ginny intentaba detener la hemorragia vaginal de Sammy Bushey, y Twitch suministraba líquidos por vía intravenosa a Little Walter, que estaba muy deshidratado, Rusty Everett estaba sentado tranquilamente en un banco de la plaza del pueblo, al lado del ayuntamiento. El banco se encontraba bajo las largas ramas de una alta pícea azul, por lo que el auxiliar médico creía que la sombra lo hacía invisible. Siempre que no se moviera demasiado, claro está.

Había varias cosas interesantes que observar.

Su plan inicial consistía en ir directamente al almacén que había detrás del ayuntamiento (Twitch lo había llamado «cabaña», pero el largo edificio de madera, que también albergaba los cuatro quitanieves del pueblo, era algo más que eso) para comprobar las reservas de propano, pero entonces apareció uno de los coches de policía, conducido por Frankie DeLesseps. Junior Rennie bajó del asiento del conductor. Ambos hablaron un instante, y luego DeLesseps se fue.

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