Blimunda dijo a los cuñados, Ya vuelvo. Bajó la ladera hacia la villa desierta. Con la prisa, algunos vecinos habían dejado las puertas y postigos abiertos. La lumbre estaba apagada. Blimunda fue al cobertizo a buscar la manta y la alforja, entró en casa, reunió lo que pudo de comida, un cuenco de madera, una cuchara, algunas ropas suyas, otras de Baltasar. Luego metió todo en la alforja y salió. Empezaba a oscurecer, pero ahora, ya no iba a tener miedo de ninguna noche, siendo tan negra la que llevaba dentro.