Aquella noche durmió en la casa. Se olvidó de comer el pan antes de levantarse, y cuando entró en la cocina vio dos fantasmas translúcidos, rápidamente convertidos en un manojo de vísceras y haces de palos blancos, es el horror de la vida, le dio un vómito, volvió la cara precipitadamente y empezó a masticar su pan, pero Inés Antonia soltó una carcajada sin maldad, A ver si estás preñada, después de tantos años, son palabras inocentes que duplicaron el dolor de Blimunda, Ahora, ni aunque lo quisiera, pensó a voces dentro de sí. Aquél fue el día de la bendición de las cruces, de los cuadros de las capillas, de los paramentos y demás objetos de culto, y luego del convento con todas sus dependencias. El pueblo se quedó fuera, Blimunda no llegó a salir de casa, se contentó con ver al rey subiendo al coche, con el príncipe y el infante, iba a encontrarse con la reina y las altezas, por la noche, lo explicó Álvaro Diego lo mejor que pudo.

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