—... la política de este departamento ha sido siempre dar autonomía al inspector encargado del caso, hasta el momento en que resulta evidente que una serie de errores de criterio cuestionan la competencia de dicho inspector. Ese momento aún no ha llegado, pero controlo de cerca la situación. Con todo lo que hay en juego para la comunidad...
Vi a Deborah y me abrí paso hacia ella. Estaba en la barrera de cinta amarilla, vestida con el uniforme azul de patrulla.
—Bonito traje —le dije.
—Me gusta —respondió—. ¿Lo has visto?
—Sí. También he visto al capitán Matthews discutiendo el caso con la inspectora LaGuerta.
Deborah contuvo el aliento.
—¿Qué decían?
Le di una palmada en el brazo.
—Me parece recordar que papá utilizó una vez una colorida expresión que lo define por completo. El «le estaba abriendo un agujero nuevo en el culo». ¿Conocías la frase?
Primero se quedó sorprendida, pero su semblante enseguida dio paso a la complacencia.
—Genial. Ahora sí que necesito tu ayuda, Dexter.
—¿Acaso no te he estado ayudando ya?
—No sé qué crees que has estado haciendo, pero no basta.
—Eso es injusto, Deb. Y no muy amable por tu parte. Al fin y al cabo, ahora estás en el lugar de un crimen y vestida de uniforme. ¿Acaso preferías el modelito sexy?
Se estremeció.
—Esa no es la cuestión. Me has estado ocultando algo acerca de todo esto y quiero saberlo ya.
Por un momento no se me ocurrió nada que decirle, lo que siempre resulta bastante incómodo. No tenía ni idea de que fuera tan perspicaz.
—Deborah...
—Mira, tú crees que no entiendo cómo funciona todo el rollo político, y tal vez no sea tan lista como tú, pero sé que van a estar bastante ocupados protegiéndose el culo. Lo que significa que nadie hará nada en relación con el caso.
—¿Lo que significa que tienes la oportunidad de hacer algo por tu cuenta? Bravo, Debs.
—Y también significa que necesito tu ayuda como nunca. —Puso una mano sobre la mía y apretó—. Por favor, Dexy.
No sé qué me causó mayor sorpresa: su intuición, el apretón de manos, o el uso de mi apodo infantil, Dexy. No lo oía en sus labios desde que tenía diez años. Lo pretendiera o no, cuando me llamaba Dexy nos devolvía a los dos con firmeza al terreno de Harry, un lugar donde la familia tenía importancia y donde las obligaciones eran tan reales como aquellas putas decapitadas. ¿Qué podía decir?
—Por supuesto, Deborah. —Dexy. Casi me emociono.
—Bien —dijo ella, pasando de nuevo al trabajo, un cambio maravillosamente rápido que me dejó admirado—. ¿Qué es lo primero que llama la atención en este momento? —preguntó, señalando con la cabeza hacia el segundo piso.
—La falta de los cuerpos —dije—. ¿Sabes si hay alguien buscándolos?
Deborah me dedicó una de esas miradas de Poli Mundano, versión amarga.
—Por lo que sé, hay más agentes ocupados en alejar las cámaras que haciendo algún tipo de labor policial.
—Bien —dije—. Si conseguimos encontrar los cadáveres, quizá demos un pequeño salto hacia delante.
—De acuerdo. ¿Dónde miramos?
Era la pregunta justa, lo que naturalmente me situó en desventaja. No tenía ni idea de dónde buscar. ¿Habría dejado los miembros en la sala donde cometió los crímenes? No lo creía: me parecía sucio, y sería imposible volver a usar esa estancia con aquellos restos dando vueltas por allí.
Muy bien, entonces tendríamos que suponer que el resto de la carne había ido a parar a otra parte. ¿Pero adonde?
O, tal vez, pensé mientras lentamente se hacía la luz en mi cabeza, la pregunta real debería ser: ¿por qué? La disposición de las cabezas obedecía a una razón. ¿Cuál sería la razón de colocar el resto de los cuerpos en otro lugar? ¿Simple ocultación? No: con este tipo nada era simple, y la ocultación no era una virtud que él apreciara demasiado. Sobre todo ahora que se estaba exhibiendo un poco. Dada la situación, ¿dónde habría dejado las sobras?
—¿Y bien? —insistió Deborah—. ¿Qué me dices? ¿Dónde deberíamos buscar? Sacudí la cabeza.
—No lo sé —dije despacio—. Sea donde sea, está claro que forma parte del mensaje que quiere transmitir. Y no estamos seguros de qué quiere decirnos realmente, ¿no?
—Joder, Dexter...
—Sé que quiere restregárnoslo por las narices. Tiene la necesidad de decir que hemos cometido una tontería increíble, y que, aunque no la hayamos cometido, él sigue siendo más listo que nosotros.
—Y hasta el momento tiene razón —dijo ella, poniendo de nuevo cara de mero.
—Así que... dondequiera que los haya arrojado forma parte de su declaración de principios. Está clamando a gritos que somos idiotas... No, me equivoco. Que hemos hecho una idiotez.
—Cierto. Un matiz importante.
—Por favor, Deb, se te va a quedar la cara así. Es importante porque supone una observación sobre el ACTO, no sobre los ACTORES.
—Ah. Eso está muy bien, Dex. Así que lo que deberíamos hacer es acercarnos al teatro más próximo en busca de un actor con sangre hasta los codos, ¿no crees?
Sacudí la cabeza.
—Nada de sangre, Deb. Ni una gota. Es uno de los puntos más importantes.
—¿Cómo puedes estar tan seguro?