— I was laying quietly in bed

— I told you:

— Get the fuck out!

You know what it does to my mind. In the middle of a sentence. I heard the bathroom door. Mumbling. Splashing. I was curious. I had to know what you were doing. Of all times to wash your socks. I couldn’t concentrate.

— Get the fuck out!

— I got the fuck out.

— I was flustered by Xana, Paco Pepe, Leen, Rey, you and Mona.

— You forgot Jabalí.

— Never. I have you to blame now, and I shouldn’t have to feel guilty because you left. So what, I felt good, I could write, and bad, too silent, It was coming out wrong and I was feeling lousy. Not guilty. Pissed. No explanation. Okay. I hate excuses. Se enreda la soga. Y no hay salida.

— De pronto entro al baño y me encuentro contigo.

— No puedo. No, no puedo, ni con la cáscara, ni con los juguetes ni con los antojos. Tres años perdidos con la monja impostora, el mensajero de Dios and the bag lady and now this. Soy un fracaso — y no me puedes decir que no fuera noble mi intento — tocar el sol, y mis alas de cartón — se abrían y cortaban el aire, y lo mecían. Y la ilusión contra el suelo.

Tú tirada en el suelo, con la kika abierta, rizada y negra, espatarrada. Nunca te había visto tan visceral en tu lamento. Larga y tendida, boca arriba, con las manos abiertas, revolcándote de arriba abajo. Tu ombligo un pozo muro de lágrimas. Los ojos hundidos llenos de mascara y azotados, blank, but fixed, mirando el hueco del grifo que los llenaba de gotas.

— No te das cuenta. Lo que significa. Llegar al límite y encontrar un vacío. No es, no, no, no.

— Hazlo de nuevo.

—¿Para qué seguir empujando? ¿Para qué ilusionarme?

Y de pronto miro al inodoro, hundidas dentro había tres caquitas bobbing in a chain. Yo las miré. Y te miré a ti.

— Mira, Kika, mira qué linda.

— No. No.

— La linda caquita que tiene el bebé, qué linda, qué linda, qué linda es.

— No puedo. No puedo.

Thrilled, me encorvo con el dolor de las tripas craqueadas, por dentro suenan clavos, tuercas abiertas, pelotas, mi caquita se ha convertido en un regalo de su amor. Me tiene que querer. No le da asco mi caca. Me levanto. Veo que tú entonces la tiras contra el inodoro, splash. Yo abro mis brazos y te abrazo.

— Tú crees que salga bien.

— Está bien. Deja que se cocine. No seas impaciente. Mira lo que le pasó a Orfeo. No se aguantó y la perdió para siempre.

— Tú desnuda. Yo con mi abrigo verde tirado sobre tu cuerpo frío.

— Se te han quedado grabadas en tus nalgas las huellas cuadradas de las losetas.

— En mis nalgas no, en mi mente.

— Y después yo me senté bien en el centro de mi cabeza, bien por dentro, en la misma profundidad en que estoy metida desde que contigo me encuentro tan fría y caliente, tan extraña en mis entrañas, con el culo desnudo sobre la madera de la silla, y los pezones rozando los bordes del escritorio, y distraída, sacándome una cascarita vacía y blanca y amasándola con mis dedos:

pienso

uno

escribo

dos

este fragmento

tres

Uno

dosy

tres.

Y entonces cuando el mentón choca contra el cuello, el brazo se mueve solo, va rayando las líneas, mi estómago está estragado, una burbuja se detiene y vacila, no sabe, la misma burbuja tiene un pensamiento propio, esto lo sabe cualquiera que no tenga control, siempre hay un instante en que indecisa vacila por las paredes del estómago.

Yo tengo una bolita

que me sube

y me baja.

Juan,

Pedro,

Gratitud,

el del pedo,

fuiste tú.

Gracias a Dios que salió,

se tomó su tiempo,

pero por lo menos,

se liberó.

Gracias a Dios,

libre de ti,

pedo,

por fin:

Plum!

Ay,

ya,

ya estoy,

y no me quejo,

libre,

sin ataduras,

ni remilgos:

Plum!

Y de repente lo recuerdo:

— Pon, pon,

el dedito en el pilón

They always made me laugh even though I knew they were teasing me.

–¿Quiénes?

— Mi madre y Brascho.

— Pon, pon

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