Una vez acompañé a Kelly a su agencia y el abandono en que estaba me impresionó. Le pregunté qué pasaba. Me miró sonriendo, con una de sus típicas sonrisas despreocupadas, y dijo que las mejores modelos mexicanas preferían firmar con agencias norteamericanas o europeas. Allí estaba el dinero. Quise saber qué pasaba con su negocio. Entonces Kelly abrió los brazos y dijo aquí está. Abarcaba la oscuridad, el polvo, las cortinas bajadas. Tuve un estremecimiento premonitorio. Tuvo que ser premonitorio. Yo no soy una mujer que se estremezca con cualquier cosa. Me senté en un sillón y traté de razonar. El alquiler de aquellas oficinas era alto y a mí me pareció que no valía la pena seguir pagando tanto por algo que se moría. Kelly me dijo que de vez en cuando organizaba pases de moda y nombró lugares que me parecieron pintorescos, lugares inusitados o impensables para desfiles de alta costura, aunque supongo que de alta costura no había nada de nada, y luego dijo que con lo que ganaba ya le salía a cuenta mantener abierta la oficina. También me explicó que ahora se dedicaba a organizar fiestas, no en el DF sino en capitales de provincia. ¿Y eso qué es?, le dije. Es algo muy sencillo, dijo Kelly, supón por un momento que tú eres una tipa rica de Aguascalientes. Vas a dar una fiesta. Supón que quieres que esa fiesta sea una gran fiesta.
Es decir, una fiesta que impresione a tus amistades. ¿Qué es lo que hace que una fiesta sea memorable? Pues el buffet que se sirve, los camareros, la orquesta, en fin, muchas cosas, pero sobre todo hay una que marca la diferencia. ¿Sabes cuál es? Los invitados, dije yo. Exacto, los invitados. Si tú eres una tipa de Aguascalientes y tienes mucho dinero y ganas de hacer una fiesta memorable, pues te pones en contacto conmigo. Yo lo superviso todo. Como si fuera un pase de modelos. Me ocupo de la comida, de los empleados, de la decoración, de la música, pero sobre todo, y dependiendo del dinero de que disponga, me ocupo de los invitados. Si quieres que vaya el galán de tu telenovela favorita, tienes que hablar conmigo. Si quieres que vaya un presentador de televisión, tienes que hablar conmigo.
Digamos que yo me encargo de los invitados famosos. Todo depende del dinero. Llevar a un presentador famoso a Aguascalientes tal vez no sea posible. Pero si la fiesta es en Cuernavaca, tal vez yo consiga hacerlo aparecer por ahí. No digo que sea fácil ni tampoco que sea barato, pero puedo intentarlo. Llevar a un galán de telenovela a Aguascalientes sí que es posible, aunque tampoco te sale barato. Si el galán no está en su mejor momento, por ejemplo, si no ha trabajado en el último año y medio, la posibilidad de que aparezca por tu fiesta es mayor.
Y el precio no es excesivo. ¿Cuál es mi trabajo? Pues convencerlos de que vayan. Primero los llamo por teléfono, voy a tomar un café con ellos, los sondeo. Luego les hablo de la fiesta. Les digo que si se dejan ver por allí hay un dinero para ellos. Llegados a este punto, generalmente entramos en un regateo. Yo oferto poco. Ellos piden más. Acercamos posiciones lentamente. Les aclaro el nombre de sus anfitriones. Les digo que es gente importante, gente de provincia, pero gente importante. Les hago repetir el nombre de la mujer y del marido varias veces. Me preguntan si yo estaré allí. Claro que estaré allí. Supervisándolo todo. Me preguntan por los hoteles de Aguascalientes, de Tampico, de Irapuato. Buenos hoteles. Además, todas las casas adonde vamos tienen un montón de habitaciones para invitados.
Al final llegamos a un acuerdo. El día de la fiesta aparezco yo y dos o tres o cuatro invitados famosos y la fiesta es un éxito.
¿Y eso te da suficiente dinero? Más que suficiente, dijo Kelly, aunque el único problema es que hay temporadas secas, nadie quiere oír hablar de fiestas a lo grande, y como yo no sé ahorrar, entonces paso apuros. Después nos fuimos, no sé adónde, a una fiesta, puede ser, o al cine o a cenar con unos amigos, y no volvimos a hablar del asunto. De todas maneras, nunca oí una queja por su parte. Supongo que en ocasiones le iba bien y en ocasiones mal. Una noche, sin embargo, me llamó por teléfono y me dijo que tenía un problema. Pensé que se trataba de dinero y le dije que podía contar conmigo. Pero no era dinero. Estoy metida en un problema, dijo. ¿Debes dinero?, le pregunté. No, no se trata de eso, dijo ella. Yo estaba en la cama, medio dormida, y me pareció que el timbre de su voz era otro, era la voz de Kelly, claro, pero su voz sonaba rara, como si estuviera sola, pensé, en su oficina de modelos, con las luces apagadas, sentada en un sillón sin saber qué decir o sin saber por dónde empezar. Creo que estoy metida en un lío, dijo. Si es un lío con la policía, le dije, dime dónde estás y te voy a buscar de inmediato. Me dijo que no se trataba de esa clase de líos. Por Dios, Kelly, habla claro o déjame dormir, le dije. Durante unos segundos me pareció que había colgado o que había dejado el teléfono sobre el sillón y se había marchado.