En una sociedad, la comprensión de la Historia va madurando poco a poco. Pero una vez madura, resulta ser de lo más sencillo. Ni en 1922, ni en 1924, ni en 1937 pudieron los acusados afirmarse tanto en sus puntos de vista como para responder a esta hechizadora y paralizante melodía gritando con la cabeza bien alta:
—¡No, no somos revolucionarios
¡Y ahora nos parece que sólo habría bastado con gritar eso! Y se habrían derrumbado los decorados, se habrían deshecho los maquillajes, habría huido el director por la escalera de servicio y los apuntadores se habrían refugiado como ratas en sus madrigueras. ¡Y habría llegado de un soplo la década de los sesenta!
* * *
Aunque muy bien logrados, estos espectáculos resultaban caros y daban muchos quebraderos de cabeza. Por ello Stalin decidió que no volvería a recurrir a los procesos públicos.
Más exactamente: en 1937 tuvo la intención de montar un gran programa de procesos públicos
Parece aquí oportuno dar cuenta de uno de tales procesos, el