Tras ser sometido a esta crítica pasó todavía una noche, y al día siguiente fueron a detenerlo. Siempre severo, parecía un pequeño gallo de pelea (pues era de baja estatura y andaba con la cabeza erguida, lo que le daba un aire arrogante), y procuró no tener que entregar el carnet del partido (¡En la reunión del comité del distrito, la víspera, no se había decidido su expulsión!) ni su acta de diputado (había sido elegido por sufragio popular y el comité ejecutivo del distrito no había suprimido su inmunidad parlamentaria). Pero los policías no sabían de tales formalidades, se arrojaron sobre él y le quitaron los papeles por la fuerza. De la cooperativa lo llevaron al NKVD por la calle mayor de Kady, en pleno día, y su joven almacenero, miembro del Komsomol, pudo verlo desde la ventana del comité del distrito. Entonces no toda la gente había aprendido a pensar una cosa y decir otra (especialmente en los pueblos, por aquello de la sencillez). El almacenero exclamó: «¡Qué canallas! ¿Pues no se llevan también a mi patrón?». Acto seguido, sin que hubiera tenido tiempo de salir de la habitación, lo expulsaron tanto del comité del distrito como del Komsomol, y siguiendo el camino de todos conocido, fue a parar a la fosa.
Vlásov fue detenido más tarde que el resto de encausados con él y se encontró con un pliego de cargos ya casi terminado que sólo quedaba transformar en un proceso público. Lo llevaron a la prisión interior de Ivánovo, pero, al ser el último, no ejercieron sobre él una presión enconada, se le practicaron tan sólo dos breves interrogatorios y no se convocó a un solo testigo. Se limitaron a rellenar el auto de procesamiento con informes de la cooperativa y recortes del periódico del distrito. Se acusaba a Vlásov: 1): de haber provocado las colas para el pan; 2): de no haber garantizado un mínimo surtido de productos (como si hubiera mercancía en alguna parte y alguien la hubiera ofrecido a Kady); 3): de haber almacenado sal en exceso (cuando de hecho se trataba de la reserva obligatoria «en caso de movilización». Ya se sabe que desde tiempos antiguos en Rusia siempre temen quedarse sin sal si estalla una guerra).
A finales de septiembre llevaron a los acusados a Kady, donde debía tener lugar el juicio público. El camino no era corto (¡con lo baratos que salían la OSO y los juicios a puerta cerrada!): de Ivánovo a Kineshma en un vagón-zafe,'' de Kineshma a Kady, ciento diez kilómetros en automóvil; más de una decena de automóviles formando una insólita columna por una vieja pista desierta, provocando a su paso por las aldeas asombro y terror, suscitando el presentimiento de una guerra. El responsable de que el proceso transcurriera de manera irreprochable e intimidatoria era Kliuguin (jefe de la sección especial secreta del NKVD regional, encargada de organizaciones contrarrevolucionarias). Del 24 al 27 de septiembre la guardia, compuesta por cuarenta reservistas de la policía montada, condujo cada día a los acusados por Kady a punta de sable y pistola en mano. Los llevaba desde el NKVD del distrito hasta un club* a medio edificar y luego de vuelta, cruzando ese mismo pueblo que hasta hacía poco habían gobernado. En el club los vidrios de las ventanas ya estaban puestos, pero quedaba por terminar el estrado y no había electricidad (como no la había en todo Kady), por lo que al anochecer el juicio seguía a la luz de quinqués de petróleo. Al público lo traían de los koljoses formando grupos que se alternaban. Y acudía también en tropel todo Kady. No sólo llenaban los bancos y el antepecho de las ventanas, sino que también se agolpaban en los pasillos, de modo que en total habría unos setecientos asistentes en cada sesión. Los bancos de primera fila, sin embargo, se destinaban siempre a los militantes del partido, para que el tribunal pudiera contar siempre con un apoyo de fiar.
Se había constituido una sesión extraordinaria del tribunal regional, compuesta por el vicepresidente de la audiencia regional, Shubin, y los vocales Biche y Zaoziorov. Llevaba la acusación el fiscal regional Karasik, licenciado por la universidad regional de Dorpat (aunque todos los acusados habían renunciado a la defensa, se les asignó un abogado de oficio para que quedara justificada la presencia del fiscal). El extenso, solemne y amenazador escrito de la acusación se reducía a lo siguiente: en el distrito de Kady actuaba un grupo clandestino de bujarinistas de derechas, creado en Ivánovo (en otras palabras: también allí iba a haber detenciones) con el propósito de derribar al régimen soviético en Kady por medio del empecimiento. (¡Los de