Apartados, por el oficio y la vida que habían elegido, de la esfera superior de la existencia humana, los funcionarios de la Institución Azul poblaban, con tanta mayor plenitud y avidez, la esfera inferior. Y en ella vivían dominados y regidos por los más fuertes instintos (después del hambre y el sexo) de dicha esfera inferior: el poder y la codicia. (Sobre todo el poder. En nuestras décadas es más importante que el dinero.)
El poder es un veneno conocido desde hace milenios. ¡Ojalá nadie pudiera jamás tener poder material sobre los demás! Sin embargo, para el hombre que cree en algo superior a todos nosotros y que tiene por tanto conciencia de sus propias limitaciones, el poder no resulta mortífero. Por el contrario, para las personas sin esfera superior es un veneno letal. No pueden escapar a su contagio.
¿Recuerdan lo que dijo Tolstói sobre el poder? En razón de su cargo al servicio del Estado, Iván Ilich
[99]tenía la posibilidad ¡de
causar la perdición de todo hombre que quisiera! Todos sin excepción estaban en sus manos. A cualquiera, aunque fuera la persona más importante, podían traerlo a su presencia en calidad de acusado.(¡Pero si es igual que nuestros azules! ¡Ya está todo dicho!) La conciencia de este poder («y la posibilidad de mostrarse clemente», precisa Tolstói, aunque esto ya no tiene nada que ver con nuestros bravos mozos) constituía para él
el principal interés y el atractivo de su trabajo.
Atractivo es poco: ¡Embriaguez! Porque es para que se te suba a la cabeza: aún eres joven, digamos entre paréntesis que un mocoso, hasta hace muy poco tus padres estaban desesperados contigo, no sabían qué hacer de un tonto que no quiere estudiar, pero tres añitos en
ciertaacademia, ¡y mira cómo has adelantado! ¡Cómo ha mejorado tu posición en la vida! ¡Cómo se han transformado tus movimientos y tu mirada, el porte con que vuelves la cabeza! Hay una reunión del consejo científico de un instituto, entras tú y todos se dan cuenta, hasta tiemblan; y no te acomodas en el sillón presidencial, no, que sude la camiseta el rector. Tú te sientas a un lado, pero todos saben que el personaje principal eres tú, el de la Sección Especial. Puedes estarte cinco minutitos y marcharte (ésta es tu ventaja sobre los profesores, a ti pueden reclamarte asuntos más importantes), pero luego, al leer su resolución fruncirás el ceño (o, mejor aún, los labios) y le dirás al rector: «Imposible. Hay
razonesque...». ¡Y no se hable más! ¡Asunto resuelto! O bien eres del SMERSH, de las Secciones Especiales, aunque sólo teniente, a pesar de lo cual el viejo y corpulento coronel, el jefe de la unidad, se pone en pie cuando tú entras, procura adularte, complacerte, y no se le ocurrirá tomarse una copa con el jefe del Estado Mayor sin antes invitarte. No importa que sólo tengas dos estrellas pequeñas, incluso resulta divertido: tus estrellitas tienen un peso del todo distinto, se. miden con una escala del todo distinta de la de los oficiales corrientes (a veces, en misiones especiales, se te permitirá engancharte otras estrellas, por ejemplo las de comandante, como si fuera un seudónimo o una señal convenida). Tu poder sobre todo el personal de esta unidad militar, de esta fabrica o de este distrito llega a tener una hondura incomparablemente mayor que el poder del comandante, del director o del secretario del comité de distrito. Ellos disponen del trabajo, el salario y el buen nombre de sus subordinados; tú dispones de su libertad. Nadie se atreverá a hablar de ti en una reunión, nadie se atreverá a escribir sobre ti en un periódico. ¡Y no solamente mal! ¡Tampoco se atreverán a hablar
bien!¡Eres como una divinidad arcana, no se te puede ni nombrar! ¡Tú estás ahí, y todos advierten tu presencia, pero es como si no estuvieras! Ésta es la razón por la cual, desde el momento en que te cubres con esa gorra celeste, te hallas por encima del poder visible. Nadie osará controlar lo que t ú haces, pero toda persona puede ser sometida a tu control. Por esto, ante los llamados ciudadanos sencillos (que para ti son simples tarugos) lo más digno es adoptar una expresión profunda y enigmática. Porque tú eres el único que conoce las
razonesespeciales, nadie más. Y por eso siempre tienes razón.