And here we are in Taiz'e again. I had planned to visit Brother Roger’s grave twice and both times I couldn’t due to unforeseen circumstances. With God’s help, we were invited to the Orthodox mass in the Romanesque church. The mass was performed by a Romanian priest, there were also several Taize brothers as well as a few people of different denominations. After the mass, I started looking for Brother Roger’s grave among the few that were there. Driven by some kind of foolish worldly logic I tried to find it among majestic monuments made of expensive marble and other massive headstones. However, there was no need to look for it, I was standing by one of the most modest graves I could imagine, and it turned out to be his. It was next to a similar modest grave of a Brother who passed away before him. The only decoration it had was a bunch of fresh flowers. As soon as I read the name, Fr'ere Roger, tears suddenly gushed out of my eyes. I tried to hold them back – after all, there were people nearby – but I couldn’t. Slowly a wave of goodness and love, the one I felt in Diveevo and during my last miraculous meeting with Brother Roger gently took over me and stopped the torrent of tears. Five minutes later for some reason I willed myself to walk away from the cemetery; I still felt a bit uplifted, my eyes were wet and my heart was full of the most tender, gentle love.
A few days after the same mass it all happened again – grace-filled (I hope) tears and a delightful feeling of love.
Despite the number of times I tried to recreate this experience by visiting Brother Roger’s grave, I couldn’t.
Han pasado ya m'as de diez a~nos desde aquel d'ia. El hermano Roger ya falleci'o. Taiz'e vive, como siempre lo ha hecho; florece en virtud de todas las contribuciones a la humanidad. Y as'i como antes, el paso de j'ovenes y viejos no ha declinado, mas incluso aumentado. Uno de mis principales recuerdos del hermano Roger est'a relacionado con un caso de conexi'on milagrosa. Una vez, luego de un rezo vespertino, vi al hermano Roger alejarse del lugar de rezo de los hermanos, hacia la derecha, a siete u ocho metros de m'i. Estaba hablando con alguien, pero no pod'ia escuchar sobre qu'e estaban hablando. De repente, el hermano Roger sonr'io y… un sentimiento de paz (si mal no recuerdo) vino a m'i luego de algunos segundos, seguido por otro sentimiento de amor. Este sentimiento nunca dura (Diveyevo fue solo una excepci'on). La conversaci'on parec'ia haber terminado; el sentimiento de paz ya se hab'ia desvanecido, dej'andome con una apacible sensaci'on y con una jovial sonrisa en mi cara. Esta ocurrencia fue 'unica, raz'on por la que siempre admiro tanto este recuerdo. Nunca hab'ia sentido algo semejante. Quiz'as el canto de esta ma~nana ha creado un ambiente favorable.
Y estamos aqu'i en Taiz'e, otra vez. Ten'ia planeado visitar la tumba del hermano Roger dos veces, y en ambas ocasiones no pude hacerlo por causas inesperadas. Con el favor de Dios, est'abamos invitados a la misa ortodoxa en la Iglesia Romana. La ceremonia fue llevada a cabo por el sacerdote rumano, y se encontraban presentes tambi'en varios hermanos de Taiz'e, as'i como algunas personas de diferentes creencias. Despu'es de la misa, comenc'e a buscar la tumba del hermano Roger entre las que se encontraban all'i. Impulsado por un cierto tipo de tonta l'ogica mundana intent'e buscarla entre majestuosos monumentos hechos de fino m'armol. Sin embargo, no hab'ia necesidad de buscarla; estaba parado ante una de las tumbas m'as modestas de que pudiese imaginar, y de pronto result'o ser que aquella tumba correspond'ia a la de 'el.
Estaba junto a otra modesta tumba de otro hermano que hab'ia muerto antes que 'el. La 'unica decoraci'on que ten'ia era un ramo de flores frescas. Tan pronto como le'i el nombre, Fr'ere Roger, comenzaron a caer l'agrimas por mis ojos. Trat'e de detenerlas – hab'ian otras personas alrededor de m'i – pero no pude. Lentamente, una ola de bondad y amor, la misma que hab'ia sentido en Diveyevo y durante mi 'ultima milagrosa reuni'on con el hermano Roger, me cubri'o y finalmente las detuvo.
Cinco minutos despu'es, por alguna raz'on, decid'i irme del cementerio; todav'ia me sent'ia feliz, mis ojos estaban humedecidos y mi coraz'on estaba lleno de amor.
Algunos d'ias despu'es, en la misma misa, volvi'o a ocurrir lo mismo; l'agrimas llenas de gracia y una indescriptible sensaci'on de amor.
Apesar del n'umero de veces que intent'e volver a experimentar esta experiencia visitando la tumba del hermano Roger, no pude.
Notre-Dame de Paris