– A grandes preguntas… -respondió el médico, sonriendo-. Para continuar con lo que estaba diciendo, lo mejor es repasar primero los datos que utilizamos para establecer la hora de la muerte. No recuerdo si ya se lo he mencionado, pero cuanto menos tiempo haya transcurrido entre la muerte y el hallazgo del cuerpo, tanto más precisos serán esos datos. En este caso pasaron unas treinta y seis horas, lo que no está mal. Según la investigación de la policía, la última vez que Harald fue visto por un testigo independiente fue a las 23:42 horas de la noche del sábado, cuando pagó y despidió el taxi en la calle Hringbraut. Puede decirse que éste es el punto inicial del marco temporal dentro del cual tuvo lugar el posible momento de la muerte. El punto final de este marco, naturalmente, es el momento en que se descubrió el cadáver, esto es, a las 7:20 horas de la mañana del lunes 31 de octubre.
Calló y les miró. Þóra asintió con la cabeza para indicar que le seguía y que podía continuar. Matthew permanecía como una estatua.
– Cuando la policía llegó al lugar donde se había producido el hallazgo del cadáver, se midió la temperatura de éste y resultó ser la misma que la temperatura ambiente. Eso indicó que había transcurrido cierto tiempo desde el fallecimiento. La velocidad a la que se produce el enfriamiento depende de diversos factores: si la persona es delgada, por ejemplo, se produce más deprisa que si es gruesa, pues el descenso de temperatura por centímetro cuadrado es comparativamente mayor en una persona delgada. -El médico extendió las manos-. También influyen la ropa y los objetos que pueda llevar el cadáver, así como su posición y el movimiento del aire en el entorno y su fuerza, y otras cosas más. Los datos sobre todos estos asuntos son parte de las claves que mencioné antes.
– ¿Y qué resultó de todo ello? -preguntó Matthew.
– Nada, en realidad. Con todo esto lo único que pudimos hacer fue limitar aún más el marco temporal. Es una buena muestra de que estos procedimientos sólo nos permiten hallar unas indicaciones sobre la hora de la muerte cuando la temperatura del cuerpo es distinta a la temperatura ambiente -exhaló un profundo suspiro-. Una vez que el cuerpo ha alcanzado esa temperatura, variará de acuerdo con la misma temperatura ambiente, como podrán comprender. Pero sí que podemos calcular cuánto tiempo tarda el cuerpo en alcanzar la temperatura ambiente y, así, saber que ha transcurrido al menos ese tiempo desde el fallecimiento. -Pasó los ojos por la página-. Aquí está; en este caso, el análisis redujo aún más el marco temporal, de modo que estimamos que habían transcurrido veinte horas desde la muerte.
– Todo esto es muy interesante, de eso no hay duda -dijo Matthew-. Pero lo que yo querría saber es cuándo se estima que nun lo I larald y cómo se llegó a esa conclusión. -No miró a Þóra.
– Sí, claro, perdone -respondió el médico-. La rigidez cadavérica indicó que la muerte se había producido al menos venticuatro horas antes del hallazgo del cadáver, lo que limitó aún más el marco temporal. -El médico miró alternativamente a Matthew y Þóra-. ¿Quieren que les explique con más detalle la rigidez cadavérica? Puedo hacerlo en dos palabras, si les interesa.
– Naturalmente- respondió Þóra a la vez que Matthew decía: «No, gracias, no es necesario».
– ¿No es norma elemental de cortesía acceder a los deseos de las señoras? -dijo el médico dirigiendo una sonrisa a Þóra. Ella le sonrió a su vez, felicísima. Matthew la miró fijamente, bastante molesto, según le pareció a Þóra, que siguió impertérrita.
– La rigidez cadavérica o rigor mortis es, como su nombre indica, el endurecimiento del cuerpo después de la muerte. Esta circunstancia origina una transformación química en las proteínas de los músculos como consecuencia del descenso del nivel de acidez del tejido muscular después de la muerte. No hay oxígeno, no hay glucosa y el pH de las células se desploma. Cuando, en consecuencia, la cantidad de nucleótido ATP desciende por debajo de un determinado valor crítico, aumenta el llamado rigor mortis, pues el ATP protege contra la unión de actina y miosina.
Þóra iba a preguntar más detalles sobre aquellas actina y miosina tan curiosas pero se detuvo inmediatamente cuando Matthew la pisó con fuerza en un pie, así que se limitó a decir: «Comprendo», lo que, naturalmente, era sólo una verdad a medias. Vio de reojo cómo la estatua de Matthew sonreía por primera vez aquella mañana.
El forense continuó.