– ¿Usa joyas? -preguntó Þóra. Las manos de las fotos habrían podido ser perfectamente las de una chelista: muy finas, las uñas recortadas.

– No, en absoluto. Ella no es así -respondió Matthew-. No le gustan nada esas cosas de presumir.

– ¿Ni siquiera un sencillo anillo con un diamante?

Un breve silencio, y luego:

– Bueno, eso sí. ¿Cómo lo sabes? -Þóra le habló de las fotos y concluyeron la conversación con la promesa de Matthew de pensar en la posibilidad de ponerse en contacto con la chica.

– ¿Temino ya o toavía do? -dijo su hija a través de una boca llena de espuma de dentífrico. Había dejado que el cepillo siguiera trabajando mientras duró la conversación telefónica: hoy por lo menos no vendría de visita el señor Caries. Þóra la llevó en brazos a su cuarto y le leyó un poco hasta que empezó a quedarse dormida. Le dio un beso en la frente, apagó la luz y cerró la puerta. Luego volvió al ordenador.

Después de pasarse dos horas repasando otros archivos de Harald sin encontrar nada que pudiera serle de utilidad, se dio por vencida y apagó el ordenador. Decidió relajarse un poco leyendo un trozo del Malleus Maleficarum, que Matthew le había dicho que se llevase para echarle un vistazo. Tenía que ser interesante.

Abrió el libro y de él cayó una hoja de papel doblada.

– Cállate -exclamó Marta Mist con brusquedad-. Esto no saldrá a menos que estemos perfectamente concentrados.

– Cállate tú -respondió Andri a voz en cuello-. Hablo cuando me da la gana.

Bríet creyó ver que Marta Mist rechinaba los dientes pero no podía estar segura, pues allí dentro reinaba la oscuridad… la única claridad procedía de unas velitas que habían colocado por distintos sitios de la habitación. Suspiró.

– Ay, venga ya, dejad de pelearos y vamos al asunto. -Se acomodó, estaban sentados en el suelo con las piernas cruzadas, formando un anillo.

– Sí, por todos los dioses -farfulló Dóri, frotándose los ojos-. Quería irme a dormir temprano y no estoy dispuesto a seguir eternamente con este rollo.

– ¿Rollo? -exclamó Marta Mist, a quien evidentemente no se le había pasado el malhumor-. Creía que estábamos todos de acuerdo en hacerlo. ¿Acaso os he engañado?

Dóri dejó escapar un pesado suspiro.

– No, no tergiverses lo que estoy diciendo. Acabemos esto de una vez.

– Es completamente distinto que en casa de Harald -se oyó la voz de Brjánn, que había guardado silencio hasta aquel momento-. No es sólo la casa. -Miró a su alrededor-. Falta Harald. No estoy seguro de que esto vaya a funcionar sin él.

Andri hizo como que no había oído la observación sobre el apartamento.

– No podemos hacer mucho si falta Harald -alargó la mano hacia el cenicero-. ¿Cómo se llamaba la tía esa?

– Þóra Guðmundsdóttir -respondió Bríet-. Abogada.

– Vale -dijo Andri-. Empecemos, pues. ¿De acuerdo? -Miró a los demás, sentados en círculo a su alrededor; unos mostraron su acuerdo con un gesto de la cabeza; otros, encogiéndose de hombros.

– ¿Quién quiere empezar?

Bríet miró a Marta Mist.

– Empieza tú -dijo, intentando borrar la mala cara de su amiga-. Tú eres la mejor en estas cosas, y es importante que esto se haga bien.

Marta Mist no se hizo de rogar. Les miró a uno tras otro.

– Sabéis que esa mujer puede meternos en un problemón de todos los demonios si se huele algo del asunto. Fue una verdadera suerte que la poli diera un patinazo como el que dio.

– Eso lo tenemos perfectamente claro -intervino Brjánn en representación de todos los demás-. Cien por cien.

– Bien -dijo Marta Mist. Se puso las manos en los muslos-. Silencio absoluto, por favor. -Nadie dijo nada. Se estiró para coger un grueso fajo de papel que estaba en medio del círculo y un pequeño cuenco con un líquido de color rojo. Colocó el fajo en el suelo delante de ella y se puso el cuenco al lado. Hecho esto, Bríet le entregó, con gesto de total seriedad, un palillo chino de comer. Marta Mist metió el palillo en el espeso líquido y dibujó con hábiles trazos dos signos en el papel. Cerró los ojos y dijo después, en voz baja y embrujadora-: «Si deseas que tu enemigo te tema…».

<p id="_Toc166678655">9 DE DICIEMBRE</p><p id="_Toc166678656">Capítulo 20</p>
Перейти на страницу:

Похожие книги