- ¿Qué ha dicho? ¿Lo hará o prefiere vivir tranquilamente en Berlín, y aprender a fabricar ropas para un atajo de campesinos polacos?
Kurtz pareció genuinamente sorprendido. Se encontraba en mitad de aquel movimiento que tanto había fascinado a Alexis, el movimiento mediante el que ponía su reloj de pulsera al alcance de su vista, mientras echaba hacia atrás la manga con la mano derecha. Pero, al oír la pregunta de Litvak interrumpió el movimiento y dijo:
- Es un oficial de Israel, Shimon.
Luego sonrió tan cálidamente que Litvak, pillado de sorpresa, le devolvió la sonrisa. Kurtz
dijo:
- Reconozco que primero dijo que prefería seguir estudiando su nueva profesión en sus muchos y diferentes aspectos. Habló de su excelente actuación en Suez, el año sesenta y tres. Luego dijo que el plan no podía tener éxito, por lo que discutimos detalladamente los inconvenientes de vivir encubiertos en Trípoli y de mantener una red de agentes libios extremadamente mercenarios, cosa que él hizo durante tres años, si mal no recuerdo. Luego dijo, «Busca a un hombre más joven», palabras que ninguno de los dos tomamos en serio, y recordamos sus muchas incursiones nocturnas en el Jordán, así como las limitaciones de la acción militar contra objetivos guerrilleros, punto en el que estuvimos plenamente de acuerdo. Después de esto, hablamos de estrategia. ¿Y qué más…?
- ¿Y el parecido es suficiente? ¿Su altura, su cara?
Las facciones de Kurtz se endurecieron, resaltando sus viejas arrugas, y contestó:
- Si, el parecido es suficiente. Lo estudiamos. Y, ahora no me hables más de este hombre, ya que, de lo contrario, me inducirías a quererle demasiado.
Kurtz abandonó su grave talante y se echó a reír hasta el punto de que lágrimas de alivio y de cansancio resbalaron por sus mejillas. Litvak también rió, y gracias a la risa su envidia se esfumó. Estos bruscos y alocados cambios de humor estaban profundamente arraigados en la manera de ser de Litvak, en la que actuaban muchos factores contradictorios. ¿Cómo se veía a sí mismo? Un día se veía como un huérfano de un kibbutz, de veinticuatro años de edad, y sin un solo pariente vivo, el día siguiente se veía como un hijo adoptivo de una fundación ortodoxa norteamericana y de las fuerzas especiales, y otro día se veía como un policía al servicio de Dios, entregado a la limpieza del mundo.
Tocaba el piano maravillosamente.
En lo referente al secuestro poco cabía decir. Con un equipo experto, estos asuntos se llevan a cabo muy de prisa y casi rutinariamente en los actuales tiempos, o no se pueden llevar a cabo. Únicamente la posible magnitud de la presa le dio emoción. No hubo estruendo de tiros ni brutalidades, sino tan sólo el acto de apoderarse de un Mercedes color rojo vino y de su ocupante, el conductor, en Grecia, a unos treinta kilómetros de la frontera grecoturca. Litvak estuvo al mando del equipo y, como de costumbre, cuando se hallaba en el campo de operaciones, lo hizo de manera excelente, tan tranquilo y con la mente tan clara como un buen navegante en plena tormenta. Kurtz, que se hallaba de nuevo en Londres para resolver una súbita crisis que se había producido en el Comité Literario de Schwili, pasó las horas decisivas sentado junto a un teléfono en la embajada de Israel. Los dos chicos de Munich, después de haber comunicado la devolución del automóvil alquilado, sin que éste fuera sustituido por otro, siguieron a Yanuka hasta el aeropuerto y, naturalmente, tres días después se volvieron a tener noticias de Yanuka en Beirut, cuando un equipo de vigilancia auditiva que operaba desde un sótano del barrio palestino, captó la alegre voz de Yanuka saludando a su hermana Fatmeh, que trabajaba en una de las oficinas revolucionarias. Dijo que había llegado para pasar un par de semanas y saludar a sus amigos. ¿Tenía su hermana un rato libre? Los del equipo auditivo dijeron que el tono de Yanuka era verdaderamente alegre, excitado, franco, apasionado. Sin embargo, Fatmeh reaccionó con frialdad. O bien Fatmeh no aprobaba de todo corazón la actitud de Yanuka, o bien sabía que tenía el teléfono intervenido. Quizás ambas cosas. El caso es que hermano y hermana no se reunieron.