Llegado a casa, Baltasar cuenta a Blimunda lo que vio, y como han anunciado luminarias, bajan al Rossío después de cenar, pero las luces son pocas esta vez, o el viento las apagó, lo que importa es que ya tiene birrete el cardenal, dormirá con él en la cabecera, y si a media noche se alza de la cama para contemplarlo sin testigos, no recriminemos a este príncipe de la Iglesia, porque todos somos hombres iguales por el lado del orgullo, y un birrete de cardenal, llegado de Roma en manos de un propio y hecho de propósito, si no anda aquí experimentación maliciosa de la modestia de los grandes, es porque al final merece entera confianza la humildad de ellos, humildes realmente lo son pues lavan los pies a los pobres, como hizo y hará el cardenal, como hicieron y harán el rey y la reina, ahora tiene Baltasar las suelas rotas y los pies sucios, primera condición para que el cardenal o el rey se arrodillen un día ante él, con toallas de lino, bacías de plata y agua de rosas, si es que la otra condición Baltasar satisface, que es la de ser aún más pobre de lo que hasta entonces ha conseguido ser, y la condición tercera, que es la de que lo elijan por virtuoso y cliente de la virtud. De la pensión pedida aún no hay señal, de poco han servido las instancias del padre Bartolomeu Lourenço, su padrino, del matadero lo despedirán pronto con cualquier pretexto, pero ahí están la sopa boba de los conventos, las limosnas de las hermandades, es difícil morir de hambre en Lisboa, y este pueblo se ha habituado a vivir con poco. Entre tanto, nació el infante Don Pedro, que por venir segundo sólo tuvo cuatro obispos en el bautizo, pero salió ganando, por haber participado en el bautizo el cardenal, que en tiempo de su hermana aún no lo había, y llegó noticia de que en el cerco de Campo Maior murieron muchos soldados enemigos y pocos de los nuestros, a no ser que mañana digan que fueron muchos de los nuestros y pocos de ellos, que al fin se sabrá lo cierto cuando al acabarse el mundo se cuenten los muertos todos de todos los lados. Baltasar le cuenta a Blimunda cosas de su guerra, y ella le coge el gancho del brazo izquierdo como si le cogiera la mano verdadera, es lo que siente él ahora, la memoria de su piel sintiendo la piel de Blimunda.

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