Y esto le dice, La mujer que está sentada en el peldaño de aquella puerta tiene en la barriga un hijo varón, pero el pequeño lleva dos vueltas de cordón enrolladas al cuello, tanto puede vivir como morir, que eso no llego a saberlo, y este suelo que pisamos tiene encima barro encarnado bajo aquella arena blanca, luego arena negra, después gravilla, granito en lo más hondo, y en él hay un agujero grande lleno de agua, con el esqueleto de un pez mayor que mi tamaño, y este viejo que pasa está como yo estoy, con la barriga vacía, pero se le va la vista, lo contrario que a mí, y aquel joven que me miró tiene su miembro podrido de venéreo, goteando como caño, enrollado en trapos, y, pese a todo, sonríe, es su vanidad de hombre lo que le hace sonreír así, ojalá no tengas tú esas vanidades, Baltasar, y siempre te aproximes a mí limpio, y ahí viene un fraile que lleva en las tripas una bicha solitaria que él tiene que sustentar comiendo por dos o tres, por dos o tres comería aunque no la tuviese, y ahora, mira aquellos hombres y aquellas mujeres arrodillados ante el nicho de San Crispín, lo que puedes ver es la señal de la cruz, lo que oyes son golpes en el pecho, y las bofetadas que por penitencia se dan entre sí y a sí mismos, pero yo veo sacos de excrementos y de gusanos, y allí un tumor que va a estrangular la garganta de aquel hombre, él no lo sabe aún, mañana lo sabrá, y será tan tarde como ya lo es hoy, porque no tiene remedio, Y cómo voy a creer yo que todo eso es verdad si tú vas explicando cosas que yo no puedo ver con mis ojos, preguntó Baltasar, y Blimunda respondió, Haz un agujero con tu espigón en aquel sitio y encontrarás una moneda de plata, y Baltasar hizo el agujero y la encontró, Te equivocaste, Blimunda, la moneda es de oro, Mejor para ti, y yo no debería haberme arriesgado, porque siempre confundo plata con oro, pero en lo de ser moneda, y valiosa, acerté, qué más quieres, tienes la verdad y el lucro, y si la reina por aquí pasara te diría que otra vez está preñada, pero que aún es pronto para saber si de varón o de hembra, ya decía mi madre que la matriz de las mujeres lo malo es que se llene una vez, que luego siempre quiere más, y ahora te digo que empezó a mudar el cuarto de la luna, porque siento los ojos ardiendo y veo unas sombras amarillas pasar ante ellos, son como piojos caminando, moviendo las patas, y son amarillos, me muerden los ojos, por la salvación de tu alma te lo pido, Baltasar, llévame a casa, dame de comer, y acuéstate conmigo, porque aquí delante de ti no puedo verte, y no te quiero ver por dentro, sólo quiero mirarte, cara oscura y barbada, ojos cansados, boca tan triste, hasta cuando estás a mi lado y me quieres, llévame a casa, que yo iré tras de ti, pero con los ojos bajos, porque una vez juré que nunca te vería por dentro y así será, castigada sea yo si alguna vez lo hago.