No obstante, estamos haciendo todo lo posible por averiguarlo. Así pues, lo que suponemos es que tenía intención de pasarse la noche bailando antes de marcharse de la ciudad a la mañana siguiente. Celebró una especie de despedida de soltera con sus dos amigas; Roman Fallow les obligó a que se marcharan de uno de los bares y ella las acompañó a casa en coche. En ese momento estaba empezando a llover, el limpiaparabrisas no le funcionaba bien y tenía los cristales sucios; entonces, o bien perdió el control del volante por un instante porque iba borracha y chocó contra el bordillo o bien se desvió bruscamente para no topar con algo que había en la carretera. Al margen de la causa, lo que está claro es que chocó contra la acera. El coche se averió y alguien se le acercó. Según la versión de la anciana señora Prior, Katherine dijo «hola». Creemos que entonces fue cuando el asesino le disparó por primera vez. Consiguió darle un golpe con la puerta del coche, tal vez pudo hacer que la pistola le cayera al suelo, no lo sé, y echó a correr en dirección al parque. Como creció en el barrio, quizá pensó que allí tendría más oportunidades de despistarle. Una vez más, no sabemos por qué fue hacia el parque, a no ser que fuera porque era lo más cercano desde la calle Sydney y porque tampoco había ningún vecino que pudiera ayudarla en cuatro manzanas a la redonda. Si se hubiera quedado allí mismo, el asesino podría haberla atropellado con su propio coche o podría haber vuelto a dispararle con facilidad. Así pues, salió corriendo, hacia el parque. A partir de ese momento, se encaminó, de forma bastante constante, hacia el sudeste, atravesó el jardín vallado, intentó esconderse en el barranco de debajo del puente de madera y luego fue en línea recta hacia la pantalla del autocine; después…

– El camino que escogió hizo que se adentrara cada vez más en el bosque -apuntó Maggie Masan.

– Así es, señora.

– ¿Por qué?

– ¿Por qué?

– Bien, sargento -se quitó las gafas y las colocó en la mesa que tenía delante-, si yo fuera una mujer a la que estuvieran persiguiendo a través de un parque y conociera muy bien el lugar, lo primero que haría sería llevar a mi perseguidor hasta allí con la esperanza de que se perdiera o que se quedara atrás. No obstante, tan pronto como pudiera, intentaría salir de allí. ¿Por qué no se dirigió hacia el norte, hacia la calle Roseclair? ¿Por qué no dio la vuelta para regresar a la calle Sydney? ¿Por qué se adentró cada vez más en el parque?

– Es posible que estuviera muy conmocionada y asustada. El miedo hace que la gente no pueda pensar con claridad. Debemos recordar, además, que el nivel de alcoholemia en la sangre era muy alto. Estaba borracha.

Negó con la cabeza y añadió:

– Eso no me lo trago. Y hay algo más; según lo que nos acaban de contar, ¿debo suponer que la señorita Marcus corría más deprisa que su perseguidor?

Whitey entreabrió la boca, pero pareció olvidarse de lo que iba a decir.

– Según su informe, sargento, la señorita Marcus prefirió, como mínimo en dos ocasiones, esconderse que correr. Se escondió en el jardín vallado y bajo el puente de madera. Eso me dice dos cosas: que corría más rápido que su perseguidor (si no hubiera sido así, no habría tenido suficiente tiempo para intentar esconderse), y que paradójicamente sabía que el hecho de llevarle ventaja no era suficiente. Si añade eso al hecho de que no hizo ningún esfuerzo por salir del parque, ¿qué opina?

A nadie se le ocurrió respuesta alguna. Al cabo de un rato, Friel le preguntó:

– ¿Usted qué opina, Maggie?

– Bien, creo que cabe la posibilidad de que se sintiera rodeada.

Por un momento, Sean tuvo la sensación de que el aire de la sala se volvía electrostático y que hacía estallar corrientes eléctricas.

– ¿Está pensando en una banda o algo así? -preguntó Whitey al rato.

– O algo así-repitió Maggie-. No lo sé, sargento. Lo único que hago son conjeturas de su informe. No me cabe en la cabeza que a esa mujer, que según parece corría más rápido que su agresor, no se le ocurriera intentar salir del parque lo más rápido posible, a menos que pensara que alguien más la estuviera rodeando.

Whitey inclinó la cabeza y dijo:

– Con el debido respeto, señora, si hubiera sido así, habría habido muchas más pruebas físicas en el escenario del crimen.

– Usted mismo citó la lluvia varias veces en su informe.

– Bien -asintió Whitey-, pero si hubiera habido un grupo de gente, o tan sólo dos personas, persiguiendo a Katherine Marcus, habríamos encontrado muchas más pruebas. Como mínimo, unas cuantas huellas más. Alguna cosa, señora.

Maggie Masan se puso las gafas de nuevo y miró el informe que tenía en la mano. A cabo de un rato, precisó:

– Es una hipótesis, sargento. Y, basándome en su propio informe, creo que vale la pena no descartarla.

Whitey mantuvo la cabeza baja, pero Sean podía sentir cómo la indignación le subía por los hombros, cual gas de alcantarilla.

– ¿Qué opina, sargento? -preguntó Friel.

Whitey levantó la cabeza, les dedicó una exhausta sonrisa y contestó:

Перейти на страницу:

Похожие книги