– Lo aprendí en la escuela hebrea -dijo Carlos-. Mi madre es judía.

– ¡Oh! -exclamó Sara, preguntándose cuántos años habían pasado sin que se enterara de ese dato.

Le lanzó una mirada a Jeffrey, que estaba anotando algo en su cuaderno. Tenía el ceño fruncido, y se preguntó qué cabos habría atado.

Sara se volvió, olvidándose de dónde estaba, y se golpeó la cabeza con la regla que había sobre el pie de la mesa.

– Mierda -dijo, palpándose el cuero cabelludo.

No miró a Jeffrey ni a Carlos para ver su reacción. Se dirigió al armario metálico que había junto a los fregaderos y sacó una bata estéril y un par de guantes.

– ¿Puedes traerme las gafas? Creo que están en mi escritorio -preguntó a Jeffrey.

Jeffrey hizo lo que le pedía, y Sara se puso la bata y los guantes. Sacó otro par de la caja y se los puso encima de los primeros. Carlos acercó la pizarra que Sara había comprado a la facultad. Anotaron parte de la información que ya conocían. Dejaron espacios en blanco para el peso y tamaño de los órganos y otros detalles que serían anotados por Carlos durante la operación. A Sara le gustaba tener todos los datos delante cuando practicaba una autopsia. Si tenías todos los datos anotados era más fácil visualizarlos.

Sara puso en marcha el dictáfono con el pie y comenzó:

– Éste es el cuerpo bien desarrollado, bien alimentado y sin embalsamar de una mujer de raza caucásica de diecinueve años que supuestamente se disparó en la cabeza con una escopeta Wingmaster de calibre doce. Ha sido identificada como Ellen Marjory Schaffer por el agente encargado de la investigación. Las fotografías y las placas de rayos X se han tomado bajo mi dirección. De acuerdo con las disposiciones de la Ley de Investigación Forense de Georgia, se lleva a cabo una autopsia en el depósito de cadáveres de la Oficina del Forense de Grant County el día…

Jeffrey dijo la fecha y Sara continuó:

– Comenzamos a las 20.33 horas, con la ayuda de Carlos Quiñónez, técnico forense, y Jeffrey Tolliver, jefe de policía de Grant County. -Hizo una pausa y miró la pizarra para ver la información anotada-. Pesa aproximadamente cincuenta y seis kilos y mide uno setenta y dos. La cabeza está seriamente dañada a causa de un disparo de escopeta. -Le puso la mano en el abdomen-. El cuerpo ha sido refrigerado y está frío al tacto. El rigor mortis es completo y generalizado hasta las extremidades superiores.

A continuación, Sara enumeró las señales identificativas mientras con unas tijeras cortaba la bolsa que había cubierto la cabeza de Ellen Schaffer. Había sangre coagulada y materia gris pegadas al plástico, y trozos de cuero cabelludo formaban grumos gelatinosos.

– El resto del cuero cabelludo está en el congelador -dijo Carlos.

– Lo examinaré después -contestó Sara, apartando la bolsa de lo que quedaba de la cabeza de Ellen Schaffer.

Quedaba poco más que un muñón sanguinolento, con fragmentos de pelo rubio y dientes alojados en el tallo cerebral. Tomaron más fotografías antes de que Sara cogiera el escalpelo para comenzar el examen interno. Cuando hizo la habitual incisión en Y se sintió un poco atontada por la falta de sueño, y cerró los ojos un momento para recuperarse.

Todos los órganos fueron extraídos del cuerpo, pesados, catalogados y registrados, mientras Sara declamaba sus averiguaciones. En el estómago quedaban lo que debía haber sido los restos de la última comida de Schaffer: cereales con nueces que probablemente tenían el mismo aspecto que en la caja.

Sara sacó los intestinos y se los entregó a Carlos para que hiciera lo que denominaban limpieza de tripas. Utilizó una manguera conectada a uno de los fregaderos para lavar el tracto intestinal, y colocó un cedazo bajo el desagüe para recoger lo que saliera. El hedor era insoportable, y Sara siempre se sentía culpable de enjaretarle el trabajo a otro hasta que le llegaba una vaharada del contenido.

Se quitó los guantes con un chasquido y se dirigió a la otra punta del depósito, donde estaba la caja de luz. Carlos había colocado las radiografías anteriores a la autopsia, y bien por falta de sueño o por pura estupidez, a Sara se le había olvidado mirarlas antes. Estudió toda la serie dos veces antes de observar una forma familiar en los pulmones.

– Jeff -dijo.

Jeffrey miró las placas de la caja de luz antes de preguntar:

– ¿Eso es un diente?

– Pronto lo averiguaremos.

Sara volvió a ponerse dos pares de guantes antes de sacar el pulmón izquierdo de la bolsa de vísceras. El aspecto del tejido pleural era liso, sin indicios de solidificación. Sara había dejado aparte los pulmones para hacer una biopsia más tarde, pero la hizo en ese momento utilizando un cuchillo de hacer secciones afilado quirúrgicamente.

– Hay una leve aspiración de sangre -le dijo a Jeffrey. Encontraron el diente en el cuadrante inferior derecho del pulmón izquierdo.

– ¿Es posible que la explosión del disparo se lo hiciera tragar? -preguntó Jeffrey.

– Lo aspiró -dijo Sara-. Inhaló el diente hasta que le llegó a los pulmones.

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