– Que estoy cansada -dijo-. Quiero una vida… la que sea. Si todos estos años he estado con Brian ha sido porque pensaba que era lo mejor para Andy, pero ahora que ya no está…

Se echó a llorar, y Jeffrey sacó su pañuelo. No se dio cuenta de que estaba manchado de la sangre de Lena hasta que se lo entregó a Rosen.

Jeffrey se disculpó.

– Lo siento.

– ¿Se ha cortado?

– Lena se cortó -dijo Jeffrey, observando atentamente su reacción-. Hablé con ella esta mañana. Tenía un corte debajo del ojo. Alguien la golpeó.

Un destello de preocupación asomó a los ojos de la mujer, pero no dijo nada.

– Sale con alguien -explicó. Parecía que Rosen se esforzaba por mantener la boca cerrada-. Esta mañana fui a su apartamento y él estaba con ella.

Rosen no le dijo que continuara, pero sus ojos se lo suplicaban. Era evidente que temía por la seguridad de Lena.

– Tenía un corte en el ojo y la muñeca magullada, como si alguien hubiera forcejeado con ella. -Hizo una brevísima pausa-. Ese tipo tiene antecedentes, doctora Rosen. Es un hombre muy peligroso y violento.

Rosen estaba sentada en el borde del banco, y casi le suplicaba con la mirada que siguiera.

– Ethan White -dijo Jeffrey-. ¿Le suena el nombre?

– No -le dijo Rosen-. ¿Debería?

– Tenía la esperanza de que le sonara -dijo, porque eso indicaría que existía una conexión entre Andy Rosen y Ethan White.

– ¿Es grave? -preguntó Rosen.

– Por lo que he podido ver, no -dijo Jeffrey-. Pero no deja de hurgarse la mano. Le sangra y, a pesar de ello, continúa hurgándose la cicatriz.

Rosen volvió a apretar los labios.

– No sé cómo ayudarla a que se aparte de él -dijo Jeffrey-. No sé cómo ayudarla.

Rosen miró a lo lejos, fijándose de nuevo en los estudiantes. -Sólo ella puede ayudarse -aseguró Rosen, y su tono otorgó un significado más profundo a sus palabras.

– ¿Era paciente suya? -preguntó Jeffrey, rezando a Dios por que así fuera.

– Sabe que no puedo darle esa información.

– Lo sé -dijo Jeffrey-, pero si, hipotéticamente, pudiera, me ayudaría a resolver un interrogante.

Ella le miró.

– ¿Qué interrogante es ése?

– Cuando estábamos junto al río, Chuck pronunció el nombre de su hijo, y Lena pareció sorprendida, como si le conociera -dijo Jeffrey, elaborando la explicación a medida que hablaba-. ¿Podría ser posible que cuando Lena dijo «Rosen», como si le sonara el nombre, lo dijera porque la conocía a usted, y no a Andy?

La mujer pareció pensar cómo responder a Jeffrey sin comprometer su reputación.

– Doctora Rosen…

Ella se reclinó en el banco, acercándose aún más el cuello del suéter.

– Ahí viene mi marido.

Jeffrey intentó ocultar su exasperación. Keller estaba a unos quince metros, y Rosen podría haber respondido a la pregunta de Jeffrey si ésta hubiera querido.

Jeffrey saludó al hombre.

– Doctor Keller.

Keller pareció perplejo al ver a Jeffrey y a su mujer juntos.

– ¿Ocurre algo? -preguntó.

Jeffrey se levantó y le indicó a Keller que se sentara, pero éste hizo caso omiso y le preguntó a su mujer:

– ¿Tienes mis llaves?

Ella le entregó el juego de llaves, sin mirarle.

– Debo volver al trabajo -dijo Keller-. Jill, deberías irte a casa.

Rosen se incorporó para ponerse en pie.

– Debo decirles algo a los dos -advirtió Jeffrey, e hizo una seña a Rosen para que permaneciera sentada-. Se trata de Andy.

Keller lo miró de una forma que daba a entender que su hijo era en lo último en que estaba pensando en esos momentos.

– Quiero decírselo antes de que lo sepa todo el campus -dijo Jeffrey-. No estoy seguro de que la muerte de su hijo fuera un suicidio.

– ¿Qué? -exclamó Rosen.

– No puedo excluir la posibilidad de que fuera asesinado -les comunicó Jeffrey.

Keller dejó caer las llaves, pero no las recogió.

– No hemos encontrado nada concluyente en la autopsia de Andy, pero en el caso de Ellen Schaffer…

– ¿La chica de ayer? -preguntó Rosen.

– Sí, señora -dijo Jeffrey-. No hay duda de que fue asesinada. Teniendo en cuenta que su muerte fue escenificada para que pareciera suicidio, tenemos que cuestionarnos las circunstancias que rodearon la muerte de su hijo. Honestamente, no puedo decir que tengamos nada que demuestre que su hijo no se suicidó, pero sí disponemos de fundadas sospechas, y voy a investigar hasta que averigüe la verdad.

Rosen se echó hacia atrás, boquiabierta.

– Tengo que hablar de ello con el decano, pero quería que ustedes lo supieran primero.

– ¿Y la nota? -preguntó Rosen.

– Ésa es una de las cosas que no puedo explicar -dijo Jeffrey-. Y siento decirles que todo lo que puedo ofrecerles ahora son sospechas. Estamos analizando todas las hipótesis para averiguar exactamente qué sucedió, pero he de ser honesto: no se me ocurre ninguna explicación evidente. Los dos casos podrían no guardar ninguna relación. Y existe la posibilidad de que tengamos que aceptar que Andy se suicidó.

Keller explotó, y su rabia fue tan inesperada que Jeffrey se echó hacia atrás.

– ¿Cómo demonios puede ocurrir algo así? -preguntó-. ¿Cómo demonios permite que mi mujer y yo creamos que nuestro hijo se suicidó cuando…?

– Brian.

Rosen intentó calmarlo.

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