No he hablado, por cierto, de tu tía Asun, la mayor de la familia, esa mujer callada y sonriente que siempre viste en tonos claros. Ella es, básicamente, una mujer sensata, equilibrada como buena Libra. Agradable, sociable, de buen gusto y muy delicada, con una manera cálida de expresarse, un poco infantil, que le permite relacionarse con facilidad aunque manteniendo sus reservas: siempre parece que esté dando más de lo que recibe. Asun es complaciente, amable y diplomática, trata de no herir los sentimientos ajenos y por ello evita los enfrentamientos directos y cuida sus expresiones al máximo, dejando de lado a veces su verdadera opinión. Se nota que se esfuerza por adaptarse y agradar a los demás. Incluso su manera tan característica y expresiva de andar con el cuerpo hacia adelante indica gentileza y ganas de complacer. Su deseo de ambientes y relaciones armónicas es tan fuerte que evita confrontaciones personales o cualquier expresión de emociones intensas y desagradables. A Asun le gustaría pintar el mundo en colores pastel, como su propia casa, para vivir en paz y armonía con los demás todo el tiempo. En realidad, tan grande es su deseo de llevarse bien que uno no sabe nunca a ciencia cierta lo que está pensando, porque se cuida mucho de expresar opiniones propias si sospecha que pueden entrar en conflicto con las ajenas. De hecho, uno de sus problemas más comunes es la indecisión que le aturde a la hora de tomar decisiones importantes, ya sea comprar un traje nuevo, escoger el colegio de los niños o cambiar la decoración del piso, porque mi hermana cae con facilidad en la inercia de la duda y la mayoría de las veces necesita apoyarse en la opinión de otro para tomar la suya propia, así que es incapaz de ir de compras sola o de elaborar el menú para una cena sin haber llamado previamente a mi madre unas quinientas veces. Internamente, casi siempre la divide la incertidumbre, y sospecho que tiene muchos más problemas consigo misma de lo que adivinarían otros a partir de una disposición tan aparentemente equilibrada y tranquila. En el fondo, todo se reduce a una grave inseguridad que se trasluce en su afán de complacer, siempre desmesurado, sobre todo cuando se compara con el alcance más bien mediano de sus obligaciones. La pobre Asun vive inmersa en una atmósfera de esfuerzo mal disimulado bajo su sempiterna sonrisa amable. Es como si desde pequeña se hubiera propuesto alcanzar la armonía suprema incluso dudando de que semejante anhelo fuese factible. Es por eso por lo que sólo se siente a gusto en los lugares sin ruido, bien decorados y armoniosos, y detesta las malas maneras, las groserías y la rudeza (se pone verdaderamente enferma si sus hijos sueltan algún taco, por ejemplo). No bebe y, por supuesto, no se droga. Y nunca o casi nunca sale por la noche porque no le gusta ir de bares, pues detesta de corazón los ambientes estruendosos y el olor a humo. Es, o al menos lo parece, una excelente madre, una muy cariñosa compañera de sus hijos y una ama de casa competente e incluso creativa, siempre anticipándose a las necesidades y hasta los caprichos de su marido y sus vástagos.