—No importa, aún somos jóvenes, nos queda vida por delante. Ahora lo que cuenta es no pisar en falso. Cuando lleguemos al campo, ni una palabra a nadie, ¡a ver si nos van a alargar la condena! Ahora, a trabajar honradamente y a callar, sobre todo a callar.
¡Tenía tanta fe en este programa, tanta esperanza, ese inocente granito de trigo atrapado en las muelas de molino de Stalin! Y no es que me faltaran ganas de darle la razón, de que había que cumplir la condena sin buscarse complicaciones y luego borrar esas vivencias de la cabeza.
Pero yo ya empezaba a sentir dentro de mí: si para poder vivir era preciso
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No puede decirse que la OSO la inventaran después de la Revolución. Catalina II ya le echó quince años a Nóvikov, un periodista, que le resultaba incómodo, y podemos afirmar que fue como si hubiera pasado por la OSO, pues no fue llevado ante un tribunal. Y en cuanto a todos los demás emperadores del otro sexo, digamos que éstos desterraban paternalmente, sin que mediara juicio, a cualquiera que les estorbara. En los años sesenta del siglo XIX tuvo lugar una profunda reforma judicial. Era como si soberanos y subditos hubieran empezado a formarse una especie de criterio jurídico de la sociedad. No obstante, en los años setenta y ochenta Korolenko refiere casos de represalias administrativas en lugar de sentencias judiciales. En 1876, él mismo, y dos estudiantes, serían desterrados sin juicio por disposición del viceministro del Tesoro Estatal (un caso típico de OSO). Korolenko fue deportado por segunda vez, también sin juicio, en esta ocasión a Glazov, junto con su hermano. Korolenko nos habla de Fiodor Bogdán, un delegado de los campesinos que llegó hasta la presencia del zar y que luego fue desterrado; cita también el caso de Piankov, absuelto por el tribunal pero desterrado por orden de Su Majestad; y algunos otros.
Así pues, existía una tradición, pero ésta seguía una línea intermitente. Además, aquella impersonalidad: ¿quién era la OSO? Unas veces el zar, otras un gobernador, otras un ministro. Aunque, perdonen ustedes, si se pueden
Lo que se llama magnitud, empezó a adquirirla en los años veinte, cuando se crearon las
Las troikas (empleamos el plural por si acaso, pues, lo mismo que con las deidades, no se puede saber a ciencia cierta en qué lugar están manifestando su omnipresencia) respondían a una nueva e imperiosa necesidad: no soltar a ningún arrestado (venía a ser como un departamento de control de calidad dentro de la GPU, para que no se produjeran deficiencias). Y si resulta que el detenido es inocente, que no hay manera de plantarlo ante un tribunal, pues que pase por la troika y que al menos le endilguen sus «menos treinta y dos» (capitales de provincia) o un destierro de nada (dos o tres añitos), y ya estás listo, quedas herrado para siempre y de ahora en adelante serás un «reincidente».