No, lo que ocurre es que se estima indecoroso que un Estado carezca de tribunales. En 1919, el VIII Congreso del Partido añadió a su programa: «lograr que
Por lo demás, nuestros tribunales políticos (las magistraturas especiales de los tribunales de distrito, los tribunales militares regionales y todos los Tribunales Supremos) seguían unánimemente el ejemplo de la OSO y evitaron como ella el engorro de celebrar vistas judiciales públicas o debates entre las partes litigantes.
Su rasgo primero y fundamental era el secreto. Eran tribunales a puerta cerrada, ante todo por propia conveniencia.
Y tan acostumbrados estamos a que millones y millones de personas hayan sido juzgadas a puerta cerrada, hasta tal punto nos hemos hecho ya a la idea, que siempre te encuentras con alguien, el hijo, el hermano o el sobrino de un acusado, intoxicado de propaganda, capaz de espetarte convencido: «¿Pues qué querías? Si es a puerta cerrada, será porque el caso
Y así, por temor a dar «información al enemigo», escondíamos la cabeza entre nuestras propias rodillas. ¿Acaso en nuestro país alguien recuerda, excepto las ratas de biblioteca, que a Karakózov, el que disparó contra el zar, le designaron un abogado defensor? ¿Que a Zheliábov y a todos los miembros de
Con estas comparaciones no quiero decir que en otro tiempo la administración de justicia en Rusia fuera perfecta. Probablemente, una justicia digna es el fruto más tardío de la más madura de las sociedades, o si no, hace falta tener un rey Salomón. Vladímir Dal ya señalaba que en la Rusia de antes de la reforma «no había un solo refrán favorable a los tribunales». ¡Por algo será! Tampoco llegó a ver la luz ningún proverbio favorable a los jefes* de los zemstvos. Pero la reforma judicial de 1864 puso a los rusos, por lo menos a la parte urbana de nuestra sociedad, en el camino hacia el modelo inglés.
Digo esto, pero no olvido lo que dejó escrito Dostoyevski contra nuestros tribunales con jurado (en
El abuso de la elocuencia es una enfermedad que aqueja no sólo a los sistemas judiciales adolescentes, sino que, en un sentido más amplio, puede afectar a las democracias hechas y derechas (que, una vez consolidadas, han perdido sus propósitos morales). La misma Inglaterra nos ofrece ejemplos de cómo, para conseguir la supremacía de su partido, el líder de la oposición no repara en culpar al Gobierno por el lamentable estado en que está la nación, aunque en realidad la situación no sea tan grave.
El abuso de la elocuencia es un mal. Sí, ¿pero qué palabra emplear entonces para el abuso de la puerta cerrada? Dostoyevski soñaba con unos tribunales en los que todo lo que hubiera que decir