El lector creerá haber visto aquí una contradicción: ¿entonces por qué muchos de estos procesos fueron anteriores al juicio de Moscú que iba a servir como pauta? No es más que un defecto de nuestra exposición. La persecución judicial y extrajudicial de la «Iglesia liberada por el socialismo» había empezado ya en 1918, y a juzgar por el asunto de Zvenígorod había alcanzado ya cierta dureza. En octubre de 1918, el Patriarca Tijon envía una epístola al Consejo de Comisarios del Pueblo denunciando la falta de libertad de apostolado y que «muchos valerosos predicadores de la Iglesia ya han pagado el sangriento tributo del martirio [...]. Habéis puesto las manos sobre los bienes de la Iglesia, reunidos por generaciones de creyentes, no habéis vacilado en violar su postrera voluntad». (Los comisarios del pueblo, como es natural, no leían la epístola, pero sus jefes de negociado debieron partirse de risa: ¡Fíjate qué cosas tienen: la postrera voluntad! ¡A la m... nuestros antepasados! Nosotros sólo trabajamos para las generaciones venideras.) «Se ajusticia a obispos, a sacerdotes, a frailes y a monjas que no han hecho ningún mal, acusándolos sin fundamento de no se sabe qué espíritu contrarrevolucionario vago e indeterminado.» Es cierto que ante el avance de Deníkin y Kolchak contuvieron la persecución para hacer más fácil a los ortodoxos la defensa de la Revolución. Pero así que la guerra civil empezó a decaer, la emprendieron de nuevo con la Iglesia, y como se ve, la persecución
El Patriarca cita a Kliuchevski: «Sólo cuando hayamos dilapidado por completo el patrimonio espiritual y moral que nos legaron los grandes edificadores de la tierra rusa, como el venerable Sergio, sólo entonces se cerrarán las puertas de su monasterio, sólo entonces se extinguirán las candelas sobre su sepulcro». No imaginaba Kliuchevski que por bien 1 poco no iba a ser testigo en vida de esta pérdida.
El Patriarca pidió audiencia al Presidente del Consejo de Comisarios | del Pueblo para persuadirle de que se respetasen el monasterio y las reliquias, dado que la Iglesia estaba separada del Estado. Se le respondió que el Presidente —el camarada Lenin— estaba ocupado con asuntos muy importantes y que no podría recibir al Patriarca en los próximos días. Ni tampoco más adelante.
El Comisariado de Justicia distribuyó una circular (25 de agosto de 1920) relativa a la destrucción de todo género de reliquias sagradas, pues eran ellas, precisamente, las que obstaculizaban nuestro radiante avance hacia una nueva sociedad más justa.
Continuamos con los casos elegidos por Krylenko y examinaremos también una causa vista por el
El proceso contra el «Centro Táctico»(16-20 de agosto de 1920): veintiocho acusados, más unos cuantos prófugos contra los que se procede en rebeldía.
Al principio de su enardecido discurso, cuando todavía no tiene la voz ronca, el Acusador Supremo, iluminado por el análisis de clase, nos comunica que además de hacendados y capitalistas «existe y continúa existiendo una capa social cuya existencia como tal es,
Los límites que la especialización impone a nuestro estudio no nos permiten examinar con detalle cómo