¡Idea: fulminarlos con un rayo! ¡Idea: lanzarles un decreto! Decreto del VTsIK de 26 de febrero: ¡Incautar todos los tesoros de la Iglesia para socorrer a las víctimas del hambre!
El Patriarca escribió a Kalinin y éste no le respondió. El 28 de febrero el Patriarca publicó una nueva epístola que resultaría fatal: la Iglesia consideraba semejante acto un sacrilegio y no podía consentir la requisa.
Hoy, medio siglo después, es fácil reprochárselo al Patriarca. Posiblemente los altos dignatarios de la Iglesia no debieran haberse detenido a pensar en cosas como: ¿es que acaso el régimen soviético no dispone de otros recursos, ¿ quién había provocado, a fin de cuentas, el hambre en el Volga?; no debieron haberse aferrado a sus riquezas, pues ellas no podían ser la base sobre la que renaciera una fe con renovado vigor (si es que ello llegaba a ocurrir). Pero imaginemos la situación del infeliz Patriarca, elegido justo después de Octubre, y que en los pocos años que habría de estar al frente de la Iglesia no conocería sino acosos, persecuciones y fusilamientos. Y era él quien tenía que protegerla.
Acto seguido, seguros de su éxito, los periódicos iniciaron una campaña contra el Patriarca y los altos dignatarios de la Iglesia, que estaban ¡estrangulando la región del Volga con la descarnada mano del hambre! Y cuanto más se empecinaba el Patriarca en su negativa, tanto más difícil se hacía su situación. En marzo surgió en el seno del clero un movimiento que abogaba por la entrega de los tesoros y la negociación de un acuerdo con las autoridades. Los temores que aún había que vencer se los manifestaba a Kalinin el obispo Antonin Granovski, que había entrado a formar parte del Comité Central del Pomgol: «los fieles temen que los tesoros de la Iglesia puedan ser utilizados para
En Petrogrado todo parecía indicar que se había alcanzado un acuerdo amistoso. En la reunión del Pomgol en dicha ciudad, el 5 de marzo de 1922, imperó, según cuenta un testigo, un ambiente cordial. Benjamín manifestó: «La Iglesia ortodoxa está dispuesta a darlo todo en ayuda de las víctimas del hambre», y sólo ve sacrilegio en la confiscación forzosa. ¡Pero si no va a ser necesaria ninguna requisa! El presidente del Pomgol, Kanátchikov, declaró que esta actitud suscitaría la benevolencia del régimen soviético hacia la Iglesia. (¡Faltaría más!) Todos los presentes se pusieron en pie emocionados. El metropolita dijo entonces: «Nada puede pesarnos más que la discordia y la hostilidad. Pero llegará el día en que todos los rusos vuelvan a convivir en paz. Yo personalmente, al frente de mis fieles, tomaré en mis manos el icono de la Virgen de Kazan, desprenderé su montura y la entregaré, bañada en nuestro dulce llanto». Dio la bendición a los bolcheviques miembros del Pomgol y éstos lo acompañaron hasta la puerta con la cabeza descubierta. El periódico
¡De nuevo está urdiéndose un pacto! El hálito pestilente del cristianismo envenena la voluntad revolucionaria. ¡Los hambrientos del Volga no necesitan
Y empezó en Petrogrado, como en todas partes, la requisa forzada y los incidentes.
Ahora ya se disponía de fundamento legal para dar inicio a los procesos eclesiásticos. [199] 04