Falta aún demostrar que el Patriarca pretendiera derribar el régimen soviético. He aquí cómo queda demostrado: «la propaganda es una tentativa de preparar a la
El tribunal decide incoar una causa penal contra el Patriarca.
El 7 de mayo se dicta sentencia: de los diecisiete acusados, once fueron condenados a muerte. (Fusilaron a cinco.)
Como había dicho Krylenko: «¡No estamos aquí para bromas!».
Una semana después, el Patriarca es desposeído de su cargo y detenido. (Pero esto no es todo. De momento lo conducen al monasterio Donskoi, donde lo mantendrán en rigurosa reclusión hasta que los fieles se acostumbren a su ausencia. ¿Recuerdan ustedes el asombro de Krylenko poco antes?: «¿De qué peligro pretendían defender los fieles al Patriarca?». Y tiene razón: cuando el peligro acecha, no hay campanas ni teléfonos que valgan.)
Al cabo de dos semanas, en Petrogrado, le llega el turno al metropolita Benjamín. Lo arrestaron, aunque no era un alto dignatario de la Iglesia y aunque no había sido investido por designación, como ocurría con los demás metropolitas. En la primavera de 1917, por primera vez desde los tiempos de la antigua república de Ñóvgorod, se
Proceso eclesiástico de Petrogrado(9 de junio-5 de julio de 1922). Los acusados (por haberse resistido a la requisa de los tesoros de la Iglesia) eran unas cuantas docenas de personas, entre ellas profesores de teología, de derecho canónico, archimandritas, sacerdotes y seglares. Preside el tribunal Semiónov (según rumores, un panadero), de veinticinco años de edad. El acusador principal es P.A. Krásikov, miembro de la Dirección Colegial del Comisariado del Pueblo para la Justicia, de la misma edad de Lenin y amigo suyo, primero en el destierro en Krasnoyarsk y más tarde en la emigración. A Vladímir Ilich le gustaba escucharle cuando tocaba el violín.
En la Avenida Nevski, y en la esquina por donde debía girar la comitiva, no había día que no se congregara una densa multitud; cuando traían al metropolita muchos se postraban de rodillas y cantaban «¡Salva a tu pueblo, Señor!».
[200](Como es natural, tanto en la calle como dentro del edificio se detenía a todo el que demostrara excesiva devoción.) El grueso del público en la sala estaba compuesto por soldados, pero hasta ellos se ponían de pie cuando entraba el metropolita con su mitra blanca. Sin embargo, para el acusador y el tribunal se trataba de un
De proceso en proceso los abogados defensores habían ido perdiendo terreno y ahora podía advertirse cuan precaria era su situación. Krylenko nada nos dice de esto, pero nos lo cuenta un testigo presencial. El tribunal amenazó airadamente a Bobrishchev-Pushkin, primer abogado de la defensa, con
Como habrá advertido el lector, el aparato judicial va adquiriendo poco a poco las formas que nos resultan familiares.
Se acusa al metropolita Benjamín de haber obrado con alevosía al entablar negociaciones con... el régimen soviético y de pretender con ello la suavización del decreto de confiscación de los tesoros de la Iglesia; de haber difundido aviesamente entre el pueblo el texto de su llamamiento al Pomgol (¡sa-mizdat!), y de haber actuado en connivencia con la burguesía mundial.
El sacerdote Krasnitski, uno de los principales representantes de la Iglesia Viva y agente de la GPU, declaró que el clero se había conjurado para provocar un levantamiento contra el régimen soviético aprovechando el hambre como pretexto.
Sólo se escucharon los testigos de cargo. Los de la defensa no fueron admitidos. (¡Cómo se parece! Cada vez más y más...)
El acusador Smirnov pidió «dieciséis cabezas». El acusador Krásikov exclamó: «Toda la Iglesia ortodoxa es una organización contrarrevolucionaria. En realidad,