Y entretanto: «las desproporciones eran inherentes..., tenían su origen en la negligencia de los superiores, mucho antes de que hubiese un "centro de ingenieros"» (pág. 204). «No había necesidad de ninguna actividad empecedora..., bastaba con atenerse a lo previstopara que todo llegara a término por sí solo» (pág. 202). ¡Charnovski no podía expresarse con mayor claridad! Téngase en cuenta que había pasado ya muchos meses en la Lubianka y que pronunciaba estas palabras desde el banquillo de los acusados. Bastaba con atenerse a lo previsto(es decir, a las indicaciones de los negligentes de arriba)para que el absurdo plan se desmoronara por si solo.Este era su empecimiento: «Teníamos capacidad para producir, por ejemplo, mil toneladas, pero nos exigían (según el estúpido plan) tres mil, y no hicimos nada por cumplir esta obligación».

Convendrán ustedes que no es poco para un acta taquigráfica oficial, revisada y censurada, de aquellos años.

Muchas veces, Krylenko fatigaba tanto a sus actores que el tono de sus voces denunciaba cansancio por los sinsentidos que les obligaba a machacar una y otra, vez, y hasta sentían vergüenza por el autor, pero tenían que seguir representando su papel si querían alargar un poco más sus vidas.

KRYLENKO: ¿Está usted de acuerdo?

FEDÓTOV: Estoy de acuerdo..., aunque en general no creo que... (pág. 425).

krylenko: ¿Lo corrabora usted?

fedótov: A decir verdad..., en algunos detalles... creo que en general... sí (pág. 356).

Los ingenieros (los que aún estaban en libertad, los que no habían sido todavía encarcelados y tenían que trabajar con afán después de la injuria judicial inferida a su profesión) no tenían salida alguna. Todo estaba mal. Mal si decían sí,mal si decían no.Mal si avanzaban, mal si retrocedían. Si trabajaban apresuradamente, era una precipitación empecedora; si trabajaban metódicamente, una empecedora alteración de los ritmos. Si se actuaba con prudencia durante el desarrollo de un sector de la industria, se trataba de un retraso premeditado, un sabotaje; si se sometían a los saltos caprichosos, una empecedora desproporción. Las reparaciones, las mejoras, la preparación afondo eran inmovilización de capitales; aprovechar los equipos hasta el fin de su vida útil ¡era sabotaje! (Además, los jueces instructores se enteraban de todo esto por los propios acusados: tras haber estado sometido al insomnio y al calabozo, hasta usted mismo citaría ejemplos convincentes de dónde pudo empecer.)

—¡Déme usted un ejemplo bien evidente! ¡Déme un ejemplo evidente de su actividad empecedora! —apremiaba Krylenko impaciente.

(¡Y vaya si os van a dar ejemplos evidentes! ¡Pronto hasta habrá quien escriba una historia de la técnica de aquellos años! Él os dará todos los ejemplos, buenos y malos. Os dará testimonio de todas las convulsiones de vuestros epilépticos planes quinquenales a cumplir en cuatro años. Entonces sabremos cuántas riquezas y fuerzas nacionales se dilapidaron en vano. Sabremos que se desecharon los mejores proyectos y que se ejecutaron los peores, con los peores medios. ¿Cómo va a salir nada bueno si unos ingenieros puros como diamantes se hallan a las órdenes de unos Hun-vei-bin* cualesquiera? Los entusiastas advenedizos causaban más estragos que sus aún más estúpidos jefes.)

Ya ven, mejor no entrar en detalles. Un exceso de detalles hace que estas fechorías sean menos dignas del paredón.

¡Pero esperen, esto aún no es todo! ¡Todavía faltan los crímenes más importantes! ¡Ahí están, ahí están, tan claros y evidentes que hasta un analfabeto los comprendería! El Partido Industrial: 1) preparaba una intervención extranjera; 2) recibía dinero de los imperialistas; 3) practicaba el espionaje; 4) había repartido las carteras de un futuro Gobierno.

¡Punto final! Todas las bocas se cerraron. Todos los que protestaban agacharon la cabeza. Sólo se oían el ruido de pasos de los manifestantes y su rugir al otro lado de la ventana: «¡Al paredón!, ¡Al paredón!, ¡Al paredón!».

Перейти на страницу:

Поиск

Похожие книги