(De todos modos, hay que saber tirar de la cuerda sin llegar a romperla. No vaya a ser que los obreros se desmoralicen y crean que todo está perdido, que han pillado dormido al régimen soviético. Pero también esto queda aclarado:
Entonces, ¿por qué no se produjo la intervención extranjera? Pues por diversas y complejas razones. Una vez porque, en Francia, Poincaré no había salido elegido, otra porque nuestros industriales emigrados consideraban que los bolcheviques todavía no habían reconstruido del todo sus antiguas empresas: ¡que sigan trabajando los bolcheviques! Y para colmo, no había forma de entenderse con Polonia y Rumanía.
Muy bien, no había habido intervención, ¡pero existía el Partido Industrial! ¿Oís ese ruido de pisadas? ¿No oís el murmullo de las masas trabajadoras?:
(Era como si lo hubiera visto en una bola de cristal: ¡en 1941 serían esos crédulos manifestantes quienes pagaran con sus vidas, privaciones y sufrimientos los atropellos de
¿Por qué un
Pero es que también había habido un «Centro». Lo que ocurre es que decidieron transformarse en un «partido», que tiene mucho más empaque. Así también les resultaría más fácil batirse por las carteras ministeriales en el futuro Gobierno. Con ello se «movilizaba a las masas de ingenieros y técnicos en su lucha por el poder». ¿Luchar, pues, contra quién ? ¡Pues contra los demás partidos! En primer lugar, ¡contra el Partido Obrero y Campesino, que ya tenía doscientos mil militantes! ¡En segundo lugar, contra el Partido Menchevique! ¿Y qué había entonces del centro? Pues que los tres partidos debían juntarse para formar un Centro Unificado. Pero la GPU lo desmanteló todo. ¡Y qué suerte que nos desmantelara! (Los acusados se alegran todos.)
(¡Para Stalin era un halago haber desmantelado otros tres partidos! ¿Acaso hubiera habido mucha gloria en desarticular tres simples «centros»?)
Y si había un partido, entonces había un comité central, sí, ¡un comité central propio! Cierto que nunca se celebró una sola conferencia, ni elecciones de ningún género. Había entrado en el comité central todo el que había querido, unas cinco personas en total. Entre ellos se deshacían en cortesías, Y hasta se cedían por turno el sillón presidencial. Tampocco hubo reuniones, ni en el Comité Central (nadie puede acordarse de eso, pero Ramzin sí se acuerda muy bien, ¡ya nos dará él todos los nombres!), ni en los grupos sectoriales. Resultaba hasta despoblado... Charnovski: «No,
¿Dónde habremos visto esto? Ah, sí, naturalmente: en
Eso era el Partido Industrial.
¡Pero no importa, ya está bien así, la obra es representable! (Hoy día nadie creería lo serio y amenazador que todo aquello parecía entonces, cómo nos atosigaba.) Y además nos lo inculcaban todo a base de repetir, cada episodio nos lo escenificaban varias veces. Y con ello se multiplicaban las horribles visiones. Además, para que no resultara tan soso, los acusados «olvidaban» de vez en cuando alguna futesa o «intentaban eludir testimonio», pero enseguida los «cercaban con pruebas entrecruzadas» y al final conseguían un espectáculo vivo, digno del Teatro del Arte de Moscú.