¿Y no es posible dar más detalles? ¿Para qué hacen falta más detalles? Bueno, está bien, si usted se empeña... Aunque va a ser todavía peor. Todos estaban bajo el mando del Estado Mayor francés. ¡Como si Francia no tuviera sus propias preocupaciones, ni otras dificultades, ni conflictos entre partidos, como si le bastara con silbar para que las divisiones marcharan hacia la intervención! Primero la habían previsto para 1928. Pero no se pusieron de acuerdo, no estaban coordinados. De acuerdo, la aplazaron para 1930. De nuevo no hubo acuerdo. Bueno, pues para 1931. En realidad, iba a tratarse de lo siguiente: Francia no lucharía, sólo se reservaría (a cambio de asumir la organización general de la intervención) una parte de Ucrania occidental, la orilla derecha del Dniéper. Inglaterra, con mayor razón, tampoco lucharía, pero prometía enviar su flota al mar Negro y al mar Báltico como intimidación (a cambio, obtendría el petróleo del Cáucaso). Los principales combatientes serían los siguientes: primero, cien mil emigrados rusos (desperdigados desde hacía tiempo por diversos lugares, pero listos para reunirse al instante al primer toque de silbato); después, Polonia (que se quedaría con la mitad de Ucrania), Rumania (conocida por sus brillantes victorias en la primera guerra mundial, un temible adversario), ¡Letonia!, ¡y Estonia! (Estos dos pequeños países abandonarían con gusto las preocupaciones propias de un joven Estado aún por estructurar y se lanzarían en masa a la conquista.) Y lo más terrible era la dirección de la ofensiva principal. ¿Pero cómo? ¿Ya se sabía? ¡Pues claro! La intervención empezaría en Besarabia y, apoyándose en la orilla derecha del Dniéper, [214] 16seguiría directamente hasta Moscú. Y en este momento crucial, en todos los ferrocarriles... ¿habría voladuras? No, ¡se producirían congestiones!Y en las centrales eléctricas, el Partido Industrial desenroscaría los plomos, de suerte que toda la Unión quedaría sumida en las tinieblas y todas las máquinas se pararían, ¡incluidas las de la industria textil! Se producirían actos de sabotaje por doquier. (Atención, acusados. ¡Hasta que se excluya al público no mencionen los métodos de sabotaje! ¡No mencionen las fábricas! ¡No mencionen los puntos geográficos! ¡No mencionen apellidos, ni extranjeros ni rusos!) ¡A todo esto hay que añadir el golpe mortal que para entonces ya habrán asestado contra la industria textil! ¡Añadir que en Bielorrusia los empecedores ya están construyendo dos o tres fabricas textiles para que sirvan de base logística a los intervencionistas!(pág. 356, no es ninguna broma). Ya en posesión de las fabricas textiles, ¡los intervencionistas avanzarían inexorablemente hasta Moscú! Pero su más taimada conspiración era la siguiente: habían previsto (pero les faltó tiempo) desecar las tierras bajas del Kubán, las marismas de Polesie y los pantanos cercanos al lago limen (Vyshinski ha prohibido dar nombres concretos, pero uno de los testigos se ha ido de la lengua) y así tender caminos más cortos a las tropas intervencionistas para que llegasen a pie enjuto hasta Moscú, sin que sus caballos se mojasen tampoco los cascos. (¿Por qué a los tártaros se les hizo tan difícil? ¿Por qué Napoleón se quedó a las puertas de Moscú? Pues precisamente por las marismas de Polesie y de limen. ¡Drenarlas era tanto como dejar expuesta la ciudad de piedra blanca!*) Y añadan, añadan además, que se levantaron unos hangares so pretexto de construir unos aserraderos (¡no revelen el lugar, es secreto!), para que los aviones de los intervencionistas no estuvieran bajo la lluvia y pudieran guarecerse. Y que se construyeron también (¡nada de nombres!) ¡albergues para las tropas intervencionistas!(y en todas las guerras anteriores, ¿cómo se las apañaba el invasor para cobijarse?). Los acusados habían recibido todas las instrucciones pertinentes de dos misteriosos caballeros extranjeros: K. y R. (¡Y sobre todo, nada de nombres! ¡Y mucho menos países!) (pág. 409). Más recientemente, hasta habían pasado a «preparar movimientos de traición en unidades aisladas del Ejército Rojo». (¡No digan en qué arma del Ejército! ¡No mencionen en qué unidades! ¡Ni un solo apellido!) Aunque es verdad que no llegaron a materializar ninguno de estos proyectos, tenían, no obstante, un plan (también infructuoso) para infiltrar en algún organismo central del Ejército una célula de economistas que habían sido oficiales del Ejército Blanco. (¿Ah, sí? ¿Del Ejército Blanco? ¡Tomen nota! ¡Arrestadlos!) Y una célula de estudiantes de tendencia antisoviética... (¿Conque estudiantes? ¡Tomen nota! ¡Arrestadlos!)

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