En segundo lugar, el decreto fue
«En la cárcel de Butyrki, donde estamos recluidos, después de firmado el decreto de abolición de la pena de muerte, han sido fusiladas de noche 72 personas. Ha sido una ruindad horrorosa.»
Pero en tercer lugar, y esto es lo más consolador, el decreto estuvo en vigor por corto plazo: cuatro meses (hasta que las cárceles volvieron a llenarse). Un decreto del 28 de mayo de 1920 devolvía a la Vecheká el derecho a fusilar.
La Revolución se apresuró a cambiar el nombre de las cosas para que así todo pareciera nuevo. Así, la «pena de muerte» fue rebautizada con el nombre de
Y, efectivamente, en 1927 empezaron con la
Y en el decimoquinto aniversario de la Revolución se añadió un nuevo supuesto de pena capital: la ley «siete del ocho», piedra angular del socialismo incipiente, una ley que prometía una bala a cada subdito que se apropiara de una migaja perteneciente al Estado.
Como ocurre siempre, al principio, en 1932-1933, se echó mano de esta ley con especial avidez, y con especial encono se fusiló a mucha gente. En este
¿Qué criminales eran ésos? ¿De dónde habían salido tantos conspiradores y alborotadores? Por ejemplo, se encontraban encerrados en aquella prisión seis campesinos de un koljós cercano a Tsárskoye Seló cuyo crimen había sido el siguiente: después de la siega colectiva (¡hecha con sus propios brazos!) fueron al campo e hicieron una segunda siega para sus vacas repasando al ras los terrones. ¡Ninguno de los seis koljosianos fue indultado por el VTsIK y se cumplió la sentencia!
¿Qué Saltychija,* qué repugnante y repulsivo enemigo de la liberación de los siervos habría sido capaz de matar a seis campesinos por unas briznas de heno? Con sólo que les hubiera soltado un vergajazo nos lo hubieran hecho estudiar en la escuela y habríamos maldecido su nombre. [232] 33Pero ahora, ojos que no ven, corazón que no siente. Sólo queda la esperanza de que algún día se confirme documentalmente el relato de este testigo vivo. ¡Aunque Stalin no hubiera matado a nadie hasta entonces, ni matara a nadie en adelante, sólo por estos seis campesinos de Tsárskoye Selo yo lo consideraría digno de ser descuartizado! Y aún se atreven a gritarnos: «¿Cómo osáis acusarle?», «¿Cómo osáis turbar su magno recuerdo?», «¡Stalin pertenece al movimiento comunista mundial!». Sí. Y también al Código Penal.
¿Qué más da un Lenin que un Trotski? ¿En qué es mejor uno que otro? Con ellos empezó todo.
Sin embargo, volvamos a la moderación, a la objetividad. Qué duda cabe que el VTsIK habría acabado por «abolir totalmente» la medida suprema —¿o es que acaso no lo había prometido?—, pero desgraciadamente en 1936 el Padre y Maestro lo que decidió «abolir totalmente» fue... al propio VTsIK. Y el