Aunque el gran Archipiélago ya se extendía por todo el país, no por ello se marchitaron las antiguas penitenciarías de reclusión mayor. La larga tradición del ostrogzarista no quedó sin celosos continuadores. Todo lo que de bueno y valioso había en el Archipiélago para la edificación de las masas no era suficiente. Había que alcanzar mayor plenitud y ésta se consiguió con las Cárceles de Régimen Especial (TON) y, de manera más general, con las prisiones de reclusión mayor.

No todo el que era engullido por la Gran Máquina debía mezclarse con los nativos del Archipiélago. Los extranjeros de renombre, las personas demasiado conocidas y los recluidos en secreto o incluso los chekistas degradados de ninguna manera podían ser exhibidos en los campos: todas las carretillas que hubieran sido capaces de empujar no habrían compensado la divulgación ni el perjuicio moral-político [251] 45ocasionado. Igualmente, de ningún modo podía consentirse que los socialistas, con su lucha constante por sus derechos, se fundieran con la masa; al contrario, so capa de preservar sus derechos y privilegios, había que encerrarlos y ahogarlos aparte. Como veremos más adelante, posteriormente, en los años cincuenta, las Cárceles de Régimen Especial servirían para aislar a quienes alborotaban en los campos. En los últimos años de su vida, cuando ya había desistido de «enmendar» a los ladrones, Stalin dispuso que a los pachasse les condenara sólo a penas de reclusión y no a los campos. Finalmente, el Estado hubo también de velar por aquellos que dada su debilidad hubieran muerto enseguida en un campo penitenciario, con lo cual se habrían librado de purgar su pena. Y también por aquellos que en modo alguno eran aptos para el trabajo en los campos, como Kopeikin, un invidente de setenta años, que se pasaba el día en el mercado de Yurevets (a orillas del Volga). Sus coplas y chascarrillos le valieron diez años por KRD, pero hubo que conmutarle el campo por una pena de reclusión. La antigua herencia penitenciaria, legada por la dinastía de los Románov y a la cual se añadían ahora los monasterios, se conservaba, renovaba, reforzaba y perfeccionaba según las necesidades. Algunas de las casas centrales, como la de Yaroslavl, tenían una dotación tan sólida y adecuada (puertas chapadas de hierro, mesa, banqueta y catre fijados al suelo de cada celda) que sólo hizo falta poner bozales en las ventanas y vallar los patios de paseo para reducirlos a las medidas de una celda (para 1937 talaron todos los árboles de las prisiones, arrasaron las huertas y zonas ajardinadas y las inundaron de asfalto). Otros establecimientos, como el de Súzdal, requirieron la renovación de unas dependencias que habían sido concebidas como monasterio, aunque en realidad la mortificación de la carne por voto monacal o por ley estatal buscan propósitos físicamente análogos, y por ello el acondicionamiento de estos edificios nunca presentó grandes dificultades. Del mismo modo fue adaptado como centro de reclusión mayor uno de los edificios del monasterio de Sujánov: de algún modo había que compensar las pérdidas que había sufrido el legado zarista, pues las fortalezas de Pedro y Pablo, así como la de Schlisselburg, habían sido abiertas al público. Ampliaron y remozaron la Casa Central de Vladímir (se edificó un gran bloque en tiempos de Ezhov), y fue de las más frecuentadas. ¡La de gente que pasó por ahí en aquellas décadas! Ya hemos hablado antes de la Central de Tobolsk, y de cómo se inauguró la de Verjne-Uralsk en 1925, fecha a partir de la cual tendría un uso tan continuado como abundante. (Para nuestra desgracia, en el momento en que se escriben estas líneas todos estos establecimientos todavía funcionan,continúan abiertos como izoliators.)En cuanto a la Central de Alexandrovsk, del poema de Tvardovski Una lejanía tras otrase deduce que en tiempos de Stalin tampoco estuvo vacía. Menos noticias tenemos acerca de la de Orel, aunque es de temer que resultara muy dañada durante la gran guerra patria. Pero de todos modos, siempre ha contado con un anexo bien cerquita: el centro de reclusión mayor de Dmitrovsk, estupendamente equipado.

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