¿No tiene el lector la impresión de que gradualmente hemos llegado a la punta de la segunda asta, quizá más larga y afilada que la primera?
Pero hay opiniones diversas. Los veteranos de los campos coinciden todos en que en los años cincuenta la TON de Vla-dímir era un
Y no olvidemos lo flexible de nuestra Ley. Habían condenado a reclusión a miles de mujeres (arrestadas en calidad de «esposas»), pero de pronto, como a toque de silbato, todas vieron transformadas sus penas por la de campos de trabajo. (¡Hacía falta gente en los lavaderos de oro de Kolymá!) Y ahí las mandaron a todas. Sin que hubiera un nuevo juicio.
Visto todo esto, ¿podemos decir que existe el
En este punto precisamente y en ningún otro debiéramos haber empezado el capítulo. Hubiéramos debido hablar de ese halo —como aura de santidad— que siempre acaba irradiando del alma del preso incomunicado, tan absolutamente apartado del ajetreo mundanal que le basta con medir los minutos que fluyen para entrar en íntima comunión con el Universo. El preso incomunicado debe purificar toda imperfección, todo cuanto en su vida anterior enturbiaba su ser y le impedía sedimentar el alma con nítido poso. ¡Cuánta grandeza en esos dedos que palpan la tierra del huerto y estrujan los terrones! (¡Pero si es asfalto!) ¡Cómo se alza sola la cabeza hacia los Cielos Eternos! (¡Pero si está prohibido!) ¡Cómo le conmueve ese pajarillo que avanza a saltos por el alféizar! (¡Pero si hay puesto el bozal y la tela metálica, eso sin contar el ventanuco de ventilación, que está cerrado con candado!) ¡Qué lúcidos pensamientos, qué asombrosas a veces las ideas plasmadas en esas cuartillas que le han entregado! (¡Pero si papel sólo hay en el economato y una vez usado se lo queda para siempre la administración...)
Mas no permitamos que tanta objeción quisquillosa nos haga perder el hilo. No dejemos que cruja y se desmorone el objeto de este capítulo, porque si no, ya no podremos estar seguros: ¿en la Prisión de Nuevo Modelo, en la Prisión de Régimen Especial (¿y por qué «especial»?), el alma del hombre se purifica o se destruye definitivamente?
Si lo primero que ves cada mañana son los ojos de tu compañero de celda que ha perdido el juicio, ¿con qué auxilio vas a sobrellevar el día que empieza? Para Nikolái Alexándrovich Kózyrev, cuya brillante carrera de astrónomo se vio truncada por el arresto, el único socorro fue elevar su pensamiento hasta lo eterno y lo infinito: el orden del universo y su Espíritu Supremo; las estrellas y su composición interna; la noción de tiempo y su curso.
Y así se abrió ante él un nuevo campo de la Física. Sólo gracias a esto pudo sobrevivir en la cárcel de Dmitrovsk. Pero sus razonamientos se atascaron por unas cifras que había olvidado, no podía seguir construyendo su sistema, necesitaba una gran cantidad de cifras. ¿Cómo iba a procurárselas desde aquella celda iluminada de noche por un pequeño candil en la que no podía entrar ni un gorrión? Y el sabio suplicó: ¡Señor! Yo ya he hecho cuanto he podido. ¡Ayúdame! ¡Ayúdame a seguir adelante!
En aquel entonces tenía derecho a un libro cada diez días (ya se había quedado solo en la celda). En la modesta biblioteca de la prisión había varias ediciones del
De manera que ahora tendríamos que empezar el capitulo hablando del alma que se enfrenta a las rejas.