– Da igual lo que robaran del hospital; ¿dónde están los demás depósitos de la ciudad?
– No lo sé.
– ¿Y para qué los querrán?
– No lo sé -respondió Rusty-, pero pienso averiguarlo.
CAEN ESTRELLAS ROSADAS
1
Barbie
– Ese trasto no aguantará mucho -dijo Rusty, con semblante adusto y serio.
– ¿Qué piensas hacer al respecto? -preguntó Barbie.
– ¿Ahora mismo? Nada. Voy a regresar al hospital para hacer una ronda. Pero esta noche iré a ver a Jim Rennie para pedirle una maldita explicación. Más le vale tener una, y más le vale también tener el resto de nuestro propano, porque de lo contrario pasado mañana el hospital se quedará a oscuras aunque apaguemos todos los aparatos que no son imprescindibles.
– Quizá pasado mañana ya se haya solucionado todo esto.
– ¿Crees que será así?
En lugar de responder, Barbie dijo:
– Ahora mismo quizá sería peligroso presionar al concejal Rennie.
– ¿Solo ahora? Se nota que eres un recién llegado. He oído esa misma cantinela durante los diez mil años que lleva Big Jim gobernando el pueblo. Siempre envía a la gente a paseo o pide paciencia. «Por el bien del pueblo», dice. Es el número uno de su lista de éxitos. La asamblea del pueblo en marzo es una broma. ¿Un artículo para autorizar un nuevo sistema de alcantarillado? Lo siento, la gente no puede pagar esos impuestos. ¿Un artículo para crear más zonas comerciales? Buena idea, el pueblo necesita ingresos, construyamos un Walmart en la 117. ¿Que un estudio medioambiental de la Universidad de Maine dice que hay demasiadas aguas residuales en Chester Pond? Los concejales recomiendan posponer el debate porque todo el mundo sabe que esos estudios científicos los realiza un puñado de ateos humanistas radicales defensores de las causas perdidas. Pero el hospital es por el bien del pueblo, ¿no te parece?
– Sí, claro. -Barbie se quedó un poco desconcertado ante su diatriba.
Rusty clavó la mirada en el suelo con las manos en los bolsillos traseros. Luego alzó la vista.
– Me han dicho que el presidente te ha puesto al mando de la situación. Creo que ha llegado el momento de que asumas el cargo.
– No es mala idea. -Barbie sonrió-. Aunque… Rennie y Sanders tienen su fuerza policial; ¿dónde está la mía?
Antes de que Rusty pudiera contestar, sonó su teléfono. Lo abrió y miró la pantalla.
– ¿Linda? ¿Qué?
Escuchó.
– De acuerdo, lo entiendo. Si estás segura de que están bien ahora… ¿Y dices que fue Judy? ¿No Janelle? -Escuchó un rato más, y añadió-: Pues creo que son buenas noticias. Esta mañana he pasado visita a dos niños más; ambos habían sufrido ataques transitorios que pasaron rápidamente, mucho antes de que yo los viera, y ambos estaban bien después. Y me han llamado tres padres más contándome casos idénticos, Ginny T se ocupó de otro. Podría ser un efecto secundario de la fuerza que alimenta a la Cúpula.
Escuchó.
– Porque no he tenido tiempo de hacerlo -dijo en tono paciente, sin ganas de discutir.
Barbie imaginaba cuál era la pregunta que había suscitado su respuesta: «¿Ha habido más niños que han tenido ataques y me lo dices ahora?».
– ¿Vas a recoger a las niñas? -preguntó Rusty. Escuchó-. Vale. Muy bien. Si ves que algo va mal, llámame de inmediato. Iré volando. Y asegúrate de que Audi se queda con ellas. Sí. Ajá. Yo también te quiero. -Se guardó el teléfono en el cinturón y se mesó el pelo con tanta fuerza que se le achinaron los ojos-. Joder.
– ¿Quién es Audi?
– Nuestra golden retriever.
– Háblame de esos ataques.
Rusty sació su curiosidad, no omitió lo que Jannie había dicho sobre Halloween y las referencias de Judy a las estrellas rosadas.
– Eso de Halloween se parece mucho a los desvaríos del hijo de los Dinsmore -sentenció Barbie.
– Es cierto.
– ¿Y qué hay de los otros niños? ¿Alguno de ellos ha hablado de Halloween? ¿O de estrellas rosadas?
– Los padres a los que he visto hoy me han dicho que sus hijos murmuraban algo mientras sufrían el ataque, pero estaban demasiado asustados para prestar atención.
– ¿Y los niños no lo recuerdan?
– Los niños ni tan siquiera saben que han tenido un ataque.
– ¿Y eso es normal?
– No es anormal.
– ¿Existe alguna posibilidad de que tu hija pequeña haya copiado a la mayor? Tal vez… No sé… porque quería más atención.
A Rusty no se le había pasado esa posibilidad por la cabeza, pero tampoco había tenido tiempo para ello. Meditó la respuesta durante unos instantes.
– Es posible, pero no probable. -Señaló con la cabeza el antiguo contador Geiger amarillo de la bolsa-. ¿Vas a hacer lecturas con ese trasto?