– A veces suceden cosas -dijo Big Jim. Estaba de pie en la esquina, con las manos en los bolsillos, sonriendo. Y al oír los primeros gritos… el sonido de cristales rotos… los disparos… su sonrisa se hizo mayor. «Suceden cosas» no era exactamente como lo había expresado Junior, pero Big Jim consideraba que se le acercaba bastante…

Su sonrisa se convirtió en una mueca al ver a Brenda Perkins. La mayoría de la gente que había en Main Street iba hacia el Food City a ver qué era todo aquel jaleo, pero Brenda caminaba calle arriba en lugar de calle abajo. Tal vez incluso iba a casa del propio Rennie… lo cual no podía significar nada bueno.

¿Qué puede querer de mí esta mañana? ¿Qué puede ser tan importante que supere a un saqueo en el supermercado local?

Era del todo posible que lo último en lo que Brenda estuviera pensando fuese en él, pero el radar de Big Jim estaba sonando, así que la vigiló de cerca.

Ella y Julia pasaron por lados diferentes de la calle. Ninguna se fijó en la otra. Julia intentaba correr mientras se colocaba la cámara. Brenda iba mirando la mole roja y destartalada de Almacenes Burpee's. Llevaba una bolsa de la compra de tela que se balanceaba junto a su rodilla.

Cuando llegó a Burpee's, Brenda intentó abrir la puerta sin éxito. Después se hizo atrás y miró en derredor, como quien encuentra un obstáculo inesperado en sus planes e intenta decidir qué debe hacer a continuación. Puede que aún hubiera visto a Shumway si hubiera mirado hacia atrás, pero no lo hizo. Brenda miró a derecha e izquierda, y luego al otro lado de Main Street, a las oficinas del Democrat.

Después de echarle otro vistazo a Burpee's, cruzó hacia el periódico y probó suerte con esa puerta. Cerrada también, por supuesto; Big Jim había visto a Julia cerrarla. Brenda volvió a intentarlo, tironeando del pomo por si acaso. Llamó. Miró dentro. Después se apartó, las manos en las caderas, la bolsa colgando. Cuando echó a andar de nuevo por Main Street (con paso vacilante, sin mirar ya en derredor), Big Jim retrocedió hacia su casa a paso raudo. No sabía muy bien por qué no quería que Brenda lo viera curioseando… pero no tenía por qué saberlo. Cuando lo estabas bordando solo tenías que actuar siguiendo tus instintos. Eso era lo bonito.

Lo que sí sabía era que, si Brenda llamaba a su puerta, él estaría preparado para recibirla. Quisiera lo que quisiese.

<p>15</p>

«Mañana por la mañana quiero que le lleves la copia impresa a Julia Shumway», le había dicho Barbie. Pero las oficinas del Democrat estaban cerradas con llave y no había luz dentro. Era casi seguro que Julia estaría en lo que fuera aquel jaleo que se oía en el súper. Seguramente Pete Freeman y Tony Guay también estarían allí.

De manera que ¿qué se suponía que tenía que hacer con los documentos VADER? Si en las oficinas hubiese habido un buzón para el correo, podría haber metido el sobre manila en su bolsa de tela por la ranura. Pero no había buzón para el correo.

Brenda supuso que tendría que ir a buscar a Julia al súper, o volver casa a esperar hasta que las cosas se calmasen y Julia regresara a las oficinas. Como no estaba de un ánimo muy lógico, ninguna de las dos opciones la atraía demasiado. En cuanto a la primera, parecía que en el Food City se estuvieran produciendo unos disturbios a gran escala, y Brenda no quería verse metida allí en medio. En cuanto a la última…

Era sin duda la mejor opción. La opción sensata. ¿No era «La paciencia es la madre de la ciencia» uno de los dichos preferidos de Howie?

Pero ser paciente nunca había sido el fuerte de Brenda, y su madre tenía otro dicho: «No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy». Eso era lo que quería hacer en ese momento. Enfrentarse a él, esperar a que despotricase, que lo negase, que se justificase, y después darle dos opciones: dimitir en favor de Dale Barbara o ver publicados sus sucios trapicheos en el Democrat. Esa confrontación era para ella como un medicamento amargo, y lo mejor con los medicamentos amargos eran tragarlos todo lo deprisa que pudieras y enjuagarte la boca después. Ella pensaba enjuagársela con un bourbon doble, y no esperaría hasta mediodía para hacerlo.

Solo que…

«No vayas sola.» Barbie también le había dicho eso. Y cuando le había preguntado en quién más confiaba, ella había dicho que en Romeo Burpee. Pero Burpee's también estaba cerrado. ¿Qué le quedaba?

La cuestión era si Big Jim sería capaz de hacerle daño o no, y Brenda pensó que la respuesta era no. Creyó que estaba físicamente a salvo de Big Jim, por mucho que Barbie pudiera preocuparse; esa preocupación era, sin duda, consecuencia de sus experiencias en la guerra. Aquel fue un terrible error de cálculo por su parte; no era la única que se aferraba a la idea de que el mundo seguía siendo tal como había sido antes de que cayera la Cúpula.

<p>16</p>

Lo cual todavía le dejaba el problema de los documentos VADER.

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