Baltasar no fue solo. Aunque para esta diligencia no se necesiten visiones dobles, Blimunda tenía más rigor en la mirada, más precisión en el trazo, y no erraba tan desastrosamente en lo tocante a la proporción de las diferentes partes de la obra. Con el dedo mojado en el aceite fuliginoso del candil, dibujó en la pared las diversas piezas, el cuero según el corte que convenía, la punta agujereada por donde saldría el viento, la parte inferior y fija de la madera, la otra parte articulada, sólo faltaba un muñeco dándole al fuelle. En un rincón apartado dispusieron piedras regulares, formando con ellas cuatro muros en cuadrado, a la altura de los riñones de un hombre, y los afirmaron con alambres que iban de lado a lado, por dentro y por fuera ceñían toda la construcción, que luego llenaron de tierra y piedra menuda. A causa de esto quedó el duque de Aveiro con algunos muretes de su finca arruinados, pero esta obra, aunque no sea como el convento, tiene también licencia regia de su majestad, probablemente ya olvidada, ni siquiera se le ocurrirá a Don Juan V averiguar si el padre Bartolomeu Lourenço aún tiene esperanzas de volar un día, o si esto es sólo una manera de que tres personas vivan un sueño, cuando esas tres personas podrían ser más útiles en otro empleo, el cura predicando la palabra de Dios, Blimunda sondeando fuentes de agua, Baltasar pidiendo limosna para abrir las puertas del paraíso a quien se la diera, porque eso de volar está demostrado que sólo lo pueden hacer los ángeles y el diablo, aquéllos, como nadie ignora y por algunos fue testimoniado, éste por certificación de las propias Sagradas Escrituras, pues allá se dice que el diablo llevó a Jesús al pináculo del templo, luego por los aires lo llevó, no fueron por la escalera, y le dijo, Lánzate de aquí abajo, y él no se lanzó, no quiso ser el primer hombre en volar, Un día volarán los hijos del hombre, dijo el padre Bartolomeu Lourenço cuando llegó y vio la fragua hecha, más la pila de agua donde se templarían los hierros, falta sólo el fuelle, a su tiempo soplará el viento, que el espíritu ya sopló en este lugar.

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