Hablemos ahora en serio, dijo el padre Bartolomeu Lourenço, siempre que pueda vendré aquí, pero la obra sólo puede adelantarse con el trabajo de ambos, fue una buena idea construir la fragua, ya me las arreglaré para lo del fuelle, no te has de fatigar con ese trabajo, pero tendrás que cuidarlo muy bien porque va a ser preciso que sea grande, porque en la máquina, faltando viento en la atmósfera trabajarán los fuelles y volaremos, y tú, Blimunda, acuérdate de que necesitamos al menos dos mil voluntades, dos mil voluntades que hayan querido soltarse porque las almas no las merecen, o porque no las merecen los cuerpos, con esas treinta que tienes no se alzaría el caballo Pegaso a pesar de tener alas, pensad que grande es la tierra que pisamos, y que tira de los cuerpos hacia abajo, y que siendo el sol tan grande como es, ni siquiera así atrae a la tierra, y para que nosotros volemos en la atmósfera, son precisas las fuerzas concertadas del sol, del ámbar, de los imanes y de las voluntades, pero, de todo esto, lo más importante son las voluntades, sin ellas, la tierra no nos dejaría subir, y si quieres recoger voluntades, Blimunda, vete a la procesión del Corpus, en una multitud tan numerosa ha de haber forzosamente muchas que se retiren, porque las procesiones, y bueno es que lo sepas, son ocasiones en las que almas y cuerpos se debilitan hasta el punto de no ser capaces siquiera de sostener las voluntades, pero no sucede lo mismo en las corridas y en los autos de fe, hay en ellas y en ellos un furor que hace más cerradas las nubes cerradas que las voluntades son, más cerradas y más negras, es como en la guerra, tiniebla general en el interior de los hombres.

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