Bajaron Scarlatti y Bartolomeu de Gusmão al Terreiro do Paço, allí se separaron, el músico fue a inventar músicas por la ciudad mientras no eran horas de empezar el ensayo en la capilla real, el padre volvió a casa, a su mirador desde donde se veía el Tajo, en la otra orilla las tierras bajas de Barreiro, las colinas de Almada y de Pragal, hasta la, ya invisible, Cabeza Seca de Bugio, qué día luminoso, cuando Dios estaba creando el mundo no dijo Fiat, si así fuera habría quedado el mundo por igual, una palabra y basta, sino que fue andando y haciendo, hizo el mar y navegó en él, luego hizo la tierra para poder desembarcar, y en algunos lugares se detuvo, pero por otros pasó sin mirar, aquí descansó, y, no habiendo nadie de la humana especie que lo viera, tomó un baño, y, porque aún recuerdan eso, las gaviotas se reúnen en tan grandes bandadas en la orilla, siguen esperando que Dios vuelva a bañarse en las aguas del Tajo, aunque sean otras, una vez al menos, como pago por haber nacido gaviotas. Y quieren saber también si Dios ha envejecido mucho. Vino la viuda del macero a decirle al cura que tenía servida la comida, pasó por abajo una compañía de alabarderos rodeando un coche. Desgarrada de sus hermanas, una gaviota se quedó parada sobre el alero del tejado, la sustentaba el viento que soplaba de tierra, y el cura murmuró, Bendita seas, ave, y en su corazón se encontró hecho de la misma carne y de la misma sangre, sintió un escalofrío, como si le estuvieran naciendo plumas en la espalda, y, al desaparecer la gaviota, se vio perdido en un desierto, En ese caso Pilatos sería igual a Jesús, esto pensó de repente y regresó al mundo, transido por sentirse desnudo, desollado como si hubiera dejado la piel dentro del vientre de su madre, y entonces dijo en voz alta, Dios es uno.