Parece sólo un gracioso juego de palabras, un juego con los sentidos que ellas tienen, como en esta época se usa, sin que importe demasiado el entendimiento, o bien oscureciéndolo adrede. Es lo mismo cuando un predicador grita hacia la imagen de San Antonio, y clama en la iglesia, Negro, ladrón, borracho, y, cuando ha escandalizado al auditorio, explica la intención y el artificio, muestra cómo todo apóstrofe fue apariencia, ahora sí va a decir por qué, Negro porque tuvo la piel tiznada por el demonio, que no consiguió ennegrecerle el alma, ladrón porque de los brazos de María robó a su divino hijo, borracho porque vivió embriagado en la divina gracia, pero yo te diré, Cuidado, oh predicador, que cuando vuelves el concepto de pies a cabeza, estás dando involuntaria voz a la tentación herética que duerme en ti y se revuelve en sueños, y clamas otra vez, Maldito sea el Padre, maldito sea el Hijo, maldito el Espíritu Santo, y luego añades, Braman los demonios en el infierno, y de esa manera crees escapar a la condenación, pero aquel que todo lo ve, no este ciego Tobías sino el otro para quien no existen tinieblas y ceguera, ése sabe que dijiste dos verdades profundas, y de las dos escogerá una, la suya, porque ni tú ni yo sabemos cuál es la verdad de Dios, mucho menos si es verdadero Dios.
Parecen juegos de palabras, las obras, las manos, el sonido, el vuelo, Me han dicho, padre Bartolomeu de Gusmão, que por obra de esas manos se levantó en el aire un ingenio y voló, Dijeron la verdad de lo que entonces vieron, después quedaron ciegos para la verdad que la primera ocultó, Me gustaría entender mejor, Esto ocurrió hace doce años, desde entonces la verdad ha cambiado mucho, Repito que me gustaría entender, Qué es un secreto, A esa pregunta responderé que, de cuanto imagino, sólo la música es aérea, Entonces iremos mañana a ver un secreto. Están parados ante el último tapiz de la Historia de Tobías, aquel donde la amarga hiel del pez devuelve la vista al ciego, La amargura es la mirada de los videntes, señor Domenico Scarlatti, Un día eso se pondrá en música, señor padre Bartolomeu de Gusmão.