El padre Bartolomeu Lourenço no estaba en casa, quizá haya ido al palacio, dijo la viuda del macero, o a la Academia, Si quieren dejar algún recado, pero Baltasar respondió que no, que volverían más tarde o se quedarían por la plaza a su espera. Al fin, hacia el mediodía, apareció el cura, enflaquecido por otra especie de enfermedad, por otras visiones, y, contra su costumbre, con el traje arrugado, como si hubiera dormido con él. Viéndolos allí, a la puerta de la casa, sentados en un poyo, se cubrió la cara con las manos, pero pronto las retiró y fue hacia ellos como si acabara de salvarse de un gran peligro, no este que parecía por sus primeras palabras, He pasado todo este tiempo esperando que viniera Baltasar para matarme, pensaríamos que temía por su vida, y no era verdad, No se haría justicia más justa contra mí, Blimunda, si te hubieras muerto, El señor Escarlata sabía que estaba mejor, No quise ir a verlo, y cuando él me vino a ver, inventé mil pretextos para no recibirlo, y esperé mi destino, El destino llega siempre, dijo Baltasar, el que no muriera Blimunda fue mi y nuestro buen destino, y qué vamos a hacer ahora, si se ha ido ya la enfermedad, si están recogidas las voluntades, si está acabada la máquina, si no hay más hierro por batir, ni lonas que coser y embrear, ni mimbres que trenzar, si con el ámbar amarillo que tenemos se podrán hacer tantas bolas como alambres se cruzan en el techo, si está dispuesta la cabeza del ave, que no es gaviota, pero se parece, si en fin se ha terminado ya nuestro trabajo, cuál va a ser su destino y el nuestro, padre Bartolomeu Lourenço. El cura se puso aún más pálido, miró alrededor como si temiera que alguien estuviese oyendo, luego respondió, Tendré que informar al rey de que la máquina está construida, pero antes tenemos que probarla, no quiero que vuelvan a reírse de mí como hicieron hace quince años, y ahora volved a la quinta, que ya iré por allí un día de éstos.

Se alejaron los dos algunos pasos, luego se paró Blimunda, Está usted enfermo, padre Bartolomeu Lourenço, tiene la cara blanca, ojeras, ni siquiera le ha alegrado la noticia, Sí me alegró, Blimunda, me alegró, pero las noticias del destino son siempre medias noticias, lo que vale es lo que viene mañana, el hoy es siempre nada, Dénos su bendición, padre, No puedo, no sé en nombre de qué Dios os la iba a dar, bendecíos el uno al otro, eso basta, ojalá todas las bendiciones fuesen como ésa.

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